Juzgado respalda plan de eutanasia para hipopótamos de Escobar en Colombia

La justicia administrativa en Bogotá rechazó ocho tutelas que buscaban frenar el sacrificio de unos 80 hipopótamos invasores en el país. El tribunal avaló la medida porque considera que la población de estos animales, que ya supera los 160 ejemplares, representa riesgos ambientales y sociales. La sentencia ordena campañas educativas para explicar a los colombianos por qué se eligió la eutanasia sobre otras alternativas como la esterilización o reubicación.
La puerta judicial se cerró, al menos por ahora, para quienes querían parar la eutanasia de hipopótamos en Colombia. El Juzgado Tercero Administrativo del Circuito de Bogotá declaró improcedentes ocho tutelas presentadas contra el plan del Ministerio de Ambiente para sacrificar aproximadamente 80 de estos animales. Ciudadanos y organizaciones defensoras ambientales habían demandado, argumentando que el plan era desproporcionado y que no se habían agotado opciones menos drásticas como la esterilización o traslado a otros lugares.
El tribunal falló a favor del Gobierno, considerando que la intervención es necesaria para detener el crecimiento de una especie invasora que ya ronda los 160 ejemplares en territorios colombianos, especialmente en la región del Magdalena Medio. Los jueces advirtieron que sin una acción efectiva, los riesgos ambientales y los incidentes con comunidades locales continuarían aumentando. Además, el fallo incorporó algo interesante: ordenó a las autoridades ambientales lanzar campañas de información pública donde expliquen el origen del problema, las alternativas evaluadas y por qué algunas no funcionaron.
Todo comenzó hace décadas, cuando ejemplares de hipopótamo fueron introducidos al país en la década de 1980 por narcotraficantes. Estos animales se reprodujeron sin control en ríos y humedales. La ministra de Ambiente, Irene Vélez, confirmó que "ningún país ha querido recibir a esos animales" y que el costo del traslado hace necesaria la eutanasia. Sin embargo, aclaró que Colombia sigue buscando opciones de reubicación internacional.
Según Javier Valencia, director de Cornare, la ejecución del plan será compleja. Se requerirán médicos veterinarios especializados en fauna silvestre y posiblemente expertos internacionales. El proceso tiene dos fases: primero, capturan los animales en corrales metálicos usando alimentos que no son su dieta natural, aprovechando que salen al anochecer. Luego viene la eutanasia, principalmente mediante sedantes administrados con rifles neumáticos que pueden alcanzar hasta 90 metros de distancia.
El protocolo es riguroso en cuanto al bienestar animal. Después de la sedación, que toma entre 10 y 20 minutos, aplican anestésicos para profundizar la inconsciencia antes de inducir la muerte con medicamentos. Si las circunstancias lo impiden, autoriza el uso de armas de fuego apuntando al cerebro para garantizar muerte inmediata. Una vez confirmada la muerte, realizan necropsia dentro de las primeras 24 horas.
El manejo de los cuerpos exige máxima precaución porque estos hipopótamos pueden transmitir enfermedades como leptospirosis, tuberculosis o ántrax. El personal usa trajes impermeables, doble guante y mascarillas de alta filtración. Los cuerpos se entierran en fosas de cuatro a cinco metros de profundidad o se incineran en hornos que superan los 900 grados.
La sentencia aún puede ser impugnada en instancias superiores, pero mientras tanto el plan sigue adelante. Valencia subrayó que la eutanasia complementa, no reemplaza, otras estrategias como la esterilización ya aplicada a decenas de animales y traslados a zoológicos. A pesar del respaldo judicial, la medida sigue generando controversia en el país entre ambientalistas y defensores de los derechos de la naturaleza.
Fuente original: El Colombiano - Colombia
