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Julio Contreras, el maestro que mantiene vivo el sonido del vallenato tras bastidores

Fuente: Diario del Cesar
Julio Contreras, el maestro que mantiene vivo el sonido del vallenato tras bastidores
Imagen: Diario del Cesar Ver articulo original

En el corazón del Festival de la Leyenda Vallenata hay un oficio que pasa desapercibido pero es vital: el de Julio César Contreras, quien repara y fabrica las cajas y guacharacas que suenan en las tarimas. Con más de un siglo de tradición familiar a sus espaldas, este artesano se mueve entre los escenarios como un "médico" de los instrumentos, garantizando que ningún concursante pierda su oportunidad por un problema técnico. Su taller ambulante y su reputación lo han convertido en un punto de referencia obligado para músicos y curiosos.

Mientras en Valledupar se encienden los reflectores del Festival de la Leyenda Vallenata y miles de personas se agolpan alrededor de las tarimas principales, hay otros que trabajan en silencio para que todo siga adelante. A pocos pasos de acordeoneros y espectadores, en el parque Los Algarrobillo, está Julio César Contreras, un hombre que carga sobre los hombros más de cien años de tradición familiar dedicada a la percusión vallenata.

Su presencia es inconfundible. Lleva una mochila repleta de guacharacas, cajas y otros instrumentos en exhibición que lo convierten en un punto de referencia para músicos y curiosos. Pero lo que realmente lo distingue no es lo que vende, sino el conocimiento que guarda y comparte. Julio dejó de concursar en 2006, aunque este año volvió a pisar tarima acompañando a uno de los participantes en la categoría Acordeonero Aficionado, demostrando que su vínculo con la música nunca se rompió.

Su verdadera labor ocurre en un taller sin paredes, improvisado entre escenarios pero funciona con la precisión de quien domina cada detalle de sus instrumentos. Allí repara, ajusta y afina cajas vallenatas en cuestión de minutos para que ningún concursante pierda su turno ni su oportunidad. "Todo el mundo llega donde el maestro Contreras", dicen quienes lo rodean, y no es exageración. Su nombre circula entre los participantes como garantía de confianza. Puede alejarse unos momentos y dejar sus instrumentos a la vista sin temor a que desaparezcan: es el respeto ganado tras años de oficio y servicio a la música.

Además de reparar, Julio fabrica. Sus manos dan forma a guacharacas de madera y metal, así como a distintos tipos de cajas, incluyendo versiones tradicionales como la caja de cuña, cada una cargada de historia dentro del vallenato. Habla de ellas con precisión, evocando pueblos, dinastías y músicos antiguos que las hicieron sonar mucho antes de que se estandarizara el instrumento.

Su emprendimiento, formalizado hace una década, es apenas un capítulo reciente de una herencia que supera los 100 años. Una dinastía dedicada a la percusión que sigue vigente gracias a su trabajo diario, antes, durante y después del Festival. Mientras nacen nuevas estrellas en las tarimas, Julio César Contreras cumple una función que pasa desapercibida pero es vital: asegurar que el sonido nunca falle. Es el guardián invisible del ritmo, el hombre que desde lejos del aplauso mantiene viva la tradición desde la madera, el cuero y el oído afinado.

Fuente original: Diario del Cesar

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