Jabón en polvo y solidaridad: así apagaron el fuego del Hércules en Putumayo

El incendio del avión C-130 en Putumayo se sofocó con jabón detergente porque no había espuma especializada. La emergencia reveló deficiencias críticas en infraestructura, personal médico y equipos de rescate en la región. Fueron los mismos habitantes del municipio quienes, sin protección, lideraron las labores de salvamento con recursos improvisados.
En medio de la tragedia del avión Hércules que se estrelló en Putumayo el lunes 22 de marzo, surgió un detalle que refleja tanto la creatividad en la crisis como las carencias del territorio. El comandante del Cuerpo de Bomberos, Eduardo Sanjuan, explicó que tuvieron que recurrir a un elemento tan cotidiano como el jabón en polvo para combatir las llamas. "Este tipo de incendios no se apaga con agua, sino con espuma, y nosotros no contamos con espuma", relató el comandante a Blu Radio.
Ante la falta de insumos especializados, los rescatistas pidieron ayuda a la comunidad. Comerciantes y habitantes entregaron detergente, y fue precisamente ese detergente, marca Fab, el que permitió contener el fuego después de tres horas de trabajo intenso. "Pedimos jabón Fab y con eso, después de tres horas, logramos liquidar el incendio", contó Sanjuan. La solidaridad de los putumayenses fue determinante, pues muchos vecinos se unieron a los bomberos para tratar de salvar el mayor número de vidas posible, a pesar de que el avión caía envuelto en llamas con detonaciones constantes por la munición que transportaba.
Sin embargo, esa improvisación que funcionó en el apagado del fuego ilustra un problema mayor: Putumayo no estaba preparado para una catástrofe de esta magnitud. El municipio contaba apenas con 11 bomberos disponibles y sin equipos adecuados. Además, el suministro de combustible dependía de entregas previas, lo que evidenció la falta de autonomía operativa de los rescatistas.
El gobernador John Gabriel Molina advirtió que la infraestructura aeroportuaria tiene problemas históricos. La pista, de aproximadamente 1.100 metros, ha tenido dificultades de mantenimiento y las autoridades habían solicitado acciones básicas como su limpieza para garantizar seguridad mínima. El alcalde Luis Emilio Bustos añadió que la tragedia sacó a la luz otras carencias: la morgue municipal no tenía capacidad para atender un evento de esta escala, y el cerramiento del aeropuerto era tan deficiente que incluso permitía el ingreso de animales a la pista.
En el aspecto médico, la situación fue igualmente crítica. Los heridos fueron trasladados a un hospital de primer nivel sin capacidad para casos de alta complejidad, obligando a activar la red hospitalaria departamental y realizar evacuaciones aéreas hacia otras ciudades. Los reportes actualizados reportan 70 personas fallecidas y 57 heridas luego de encontrar al último desaparecido.
Lo que resulta más impactante es que fueron los propios habitantes de la zona quienes lideraron buena parte del rescate. Sin elementos de protección, usando prendas de vestir para taparse el rostro y motocicletas para transportar heridos, la comunidad de Puerto Leguízamo demostró una valentía que expone, a la vez, la desprotección de un territorio que enfrentaba solo una emergencia que debería haber contado con respaldo institucional desde el primer momento.
Fuente original: El Colombiano - Colombia



