Israel y Líbano negocian en Washington mientras Hezbolá rechaza conversaciones como "capitulación"

Representantes de Israel y Líbano sostienen este martes sus primeras conversaciones directas en décadas en Washington, mediadas por el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio. El objetivo principal es la seguridad de la frontera norte israelí y el desarme de Hezbolá, pero Hezbolá rechaza las negociaciones. El conflicto ha dejado más de 2.000 muertos y un millón de desplazados desde marzo, con perspectivas limitadas para un acuerdo rápido.
Las primeras conversaciones directas entre Israel y Líbano en más de treinta años se realizarán este martes en Washington. Los embajadores de ambos países se reunirán bajo la mediación del secretario de Estado Marco Rubio, con la participación del embajador estadounidense en Líbano. Sin embargo, antes del encuentro ya hay nubes de tormenta: el líder de Hezbolá, Naim Qassem, pidió el lunes la cancelación de estas negociaciones, calificándolas de "capitulación".
El conflicto entre estos actores es relativamente reciente pero devastador. Desde que Hezbolá arrastró a Líbano a la guerra regional el 2 de marzo, Israel ha bombardeado intensamente el país en respuesta. Los ataques han cobrado más de 2.000 vidas civiles y desplazado a más de un millón de personas. En respuesta, Israel también ha lanzado una incursión terrestre en el sur de Líbano, argumentando que necesita crear una zona de seguridad para proteger a sus ciudadanos del norte.
Las prioridades sobre la mesa son claras pero contradictorias. Un funcionario del Departamento de Estado explicó que el objetivo es "garantizar la seguridad a largo plazo de la frontera norte de Israel y apoyar la determinación del gobierno libanés de restablecer su plena soberanía sobre su territorio y su vida política". Por su parte, la portavoz del gobierno israelí, Shosh Bedrosian, fue más directa: el diálogo busca "desarmar a la organización terrorista Hezbolá, expulsarla del Líbano y establecer relaciones pacíficas entre nuestros dos países". Israel, representado por el primer ministro Benjamin Netanyahu, ha establecido dos condiciones para cualquier acuerdo: el desarme de Hezbolá y un "verdadero acuerdo de paz que perdure por generaciones".
Desde Líbano, el presidente Joseph Aoun mantiene una postura diferente: espera alcanzar primero un alto el fuego que permita después iniciar negociaciones formales de paz. Esto representa una diferencia fundamental con la posición israelí, que vincula el cese de hostilidades al desarme previo de Hezbolá.
Washington está atrapada en una posición incómoda. La administración Trump presiona por el desarme de Hezbolá y critica que el ejército libanés no haya podido lograrlo. Pero simultáneamente, debe respetar la soberanía territorial del Líbano mientras defiende el derecho de Israel a la autodefensa. Las perspectivas para un acuerdo rápido son bajas. Un exfuncionario israelí de defensa advirtió que hará falta "mucha imaginación y optimismo" para pensar que el conflicto "pueda resolverse mañana en Washington". Algunos analistas predicen que Israel establecerá una "zona de amortiguamiento" en el norte, similar a la que mantiene en Gaza.
El precedente histórico no es alentador. En 1983, tras una invasión israelí anterior, Líbano e Israel firmaron un acuerdo que nunca llegó a implementarse. Los negociadores de este martes enfrentan un escenario aún más complejo, donde la guerra está en curso y los intereses de Irán, que respalda a Hezbolá, también están en juego.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



