Israel Romero Ospino, el acordeonero guajiro que el mundo reconoce como el mejor
Israel Romero Ospino, oriundo de Villanueva en La Guajira, será homenajeado este año en el Festival de la Leyenda Vallenata junto a Rafael Orozco Maestre. El músico, apodado "Pollo Irra", comenzó a tocar acordeón a los 12 años y fue reconocido internacionalmente como el mejor acordeonero del mundo en 1998. Su carrera musical despegó en 1975 cuando fue llevado a Medellín para grabar con el productor Juan Carlos "Cao" Mendoza, iniciando así una trayectoria que lo consolidó como una figura fundamental en la música vallenata colombiana.
En los pueblos de La Guajira, cuando alguien menciona a Israel Romero Ospino, lo hace con respeto y nostalgia. Este villanuevero que lleva el apodo de "Pollo Irra" será homenajeado en la edición número 59 del Festival de la Leyenda Vallenata, que se realizará en Valledupar del 29 de abril al 1 de mayo de 2026, compartiendo protagonismo con la memoria de Rafael Orozco Maestre, integrante de "El Binomio de Oro de América".
La historia de Israel comenzó desde niño. Hijo de Escolástico Romero y Ana Antonia Ospino, conocida como 'La Nuñe', fue el quinto entre nueve hermanos. A los 12 años sus dedos encontraron las primeras notas en un acordeón, casi como si el instrumento lo hubiera estado esperando toda la vida. Sus compañeros del Colegio Santo Tomás lo recuerdan como un muchacho jovial y tímido, con una solidaridad que se notaba a primera vista. Su devoción religiosa era tan profunda que el padre Armando Napoleón Becerra lo hizo acólito, aunque el sacerdote siempre andaba preocupado de que la música lo distrajera de sus obligaciones.
Lo que el padre no sabía era que el acordeón había encontrado en Israel su verdadero hogar. Mientras estudiaba, el muchacho tocaba en las parrandas acompañando a su hermano Norberto. En esos encuentros entre amigos y familia, cuando caía la madrugada y el cansancio vencía a los contertulios, Israel tímidamente tomaba su acordeón y comenzaba a extraer melodías que parecían venir de tiempos antiguos, como si la herencia musical de su tierra le hablara a través de los dedos.
El quiebre llegó en 1975. Norberto fue invitado a Medellín para grabar un disco y le comentó a Juan Carlos "Cao" Mendoza sobre las habilidades de su hermano menor. Lo llevó consigo para que grabara un sencillo, pero cuando los directivos de Codiscos escucharon a Israel, quedaron asombrados. "Ese singular y armonioso digitar, ese malabarismo sollozar de notas", los dejó sin palabras. Le pidieron que buscara un cantante. Así nació la asociación con Daniel Celedón Orsini, dando vida a canciones como 'Amanecemos parrandeando' y 'Versos del alma', que se convirtieron en verdaderos éxitos discográficos.
Durante décadas, Israel Romero Ospino construyó una reputación impecable. El 16 de junio de 1976 nació el Binomio de Oro, la agrupación que lo catapultaría junto a Rafael Orozco Maestre hacia la gloria musical. Tocaron en lugares como el Madison Square Garden en Nueva York. El 1 de diciembre de 1998, en reconocimiento a su virtuosismo, fue elegido 'el mejor acordeonero del mundo'. Cuando Rafael Orozco Maestre falleció en Barranquilla en 1992, el Binomio continuó su legado, recibiendo doble disco de platino en octubre de 1996.
Lo que ha caracterizado siempre a Israel es su perfeccionismo combinado con una timidez que nunca lo abandonó. Se considera un creativo incesante, con un estilo original que mezcla la sofisticación con esa picardía afrocaribeña que define la música vallenata. Aunque terminó sus estudios de bachillerato en el Colegio Santo Tomás y continuó en la universidad en Barranquilla, donde se casó con Esperanza Lafaurie y tuvo tres hijos, Israel David y las mellizas July y Sindy, jamás dejó que la vida académica lo apartara de lo que lo hacía pleno.
Hoy, cuando se acerca su reconocimiento en el Festival de la Leyenda Vallenata, Israel Romero Ospino sigue siendo lo que siempre fue: un hombre que encontró en el acordeón la razón de su existencia, un músico que en cada nota cuenta historias de amor, ilusión y la memoria de sus primeros juegos infantiles. Su timidez artística, fruto de una religiosidad profunda, nunca opacó una carrera que lo llevó a ser considerado el mejor en su arte a nivel mundial.
Fuente original: Diario del Norte

