Israel profundiza su ofensiva en el sur del Líbano con miras a controlar el territorio

Israel intensifica operaciones militares en el sur del Líbano ocupando posiciones estratégicas en colinas y valles, desplazando a cerca de un millón de personas. Aunque declara que busca proteger su frontera norte alejando a Hezbolá, los movimientos sugieren un cálculo territorial más amplio que podría incluir una zona de control permanente. Analistas militares advierten que el conflicto podría alargarse significativamente si Hezbolá mantiene su capacidad de respuesta.
El conflicto en el Líbano ha entrado en una nueva etapa. La ofensiva israelí se intensifica en el territorio libanés mientras cientos de muertos y casi un millón de desplazados marcan el costo humano de la escalada. Pero más allá de los bombardeos y enfrentamientos en la frontera sur, crece una pregunta fundamental entre militares y diplomáticos: ¿cuál es el verdadero alcance de la operación israelí?
Sobre el terreno, el ejército israelí avanza de forma gradual, ocupando colinas y posiciones elevadas que dominan carreteras y valles en el sur del país. Estos movimientos no son casuales. Desde las alturas se pueden vigilar movimientos y controlar rutas estratégicas clave. El coronel retirado Michel Al Khory, analista militar libanés, explica que "controlar las alturas siempre ha sido clave en este tipo de operaciones. Quien domina las colinas domina las carreteras. Desde allí puedes vigilar movimientos, anticipar ataques y limitar mucho la capacidad del adversario para moverse". Varios observadores interpretan esta estrategia como el intento de construir una línea de seguridad dentro del territorio libanés, una zona que limite la capacidad de Hezbolá para operar cerca de la frontera.
El río Litani vuelve a aparecer en este contexto. Durante décadas, distintos planes militares israelíes han contemplado la posibilidad de empujar a Hezbolá hacia el norte de este río, alejando sus posiciones de la frontera. Los movimientos actuales sugieren una aproximación gradual: consolidar primero una franja de varios kilómetros dentro del sur antes de cualquier avance mayor. La idea de una zona de seguridad en el sur libanés no es nueva. Israel mantuvo una zona ocupada en esa región durante casi dos décadas hasta su retirada en 2000. La estrategia actual parece diferente: en lugar de una ocupación completa, Israel parece apostar por controlar puntos estratégicos del terreno y vaciar ciertas zonas de población.
La ofensiva israelí no se limita al frente militar. Los ataques contra infraestructuras y las evacuaciones masivas afectan directamente al entorno social donde Hezbolá tiene su base política y comunitaria. El movimiento no es solo una milicia armada: es también un partido político con representación parlamentaria y una red social que ejerce fuerte influencia en sectores de la comunidad chiíta del país. Vaciar barrios y pueblos significa fragmentar las redes sociales y logísticas que sostienen al grupo. Sin embargo, sobre el terreno Hezbolá sigue activo. Combatientes continúan operando en el sur del país usando misiles antitanque contra posiciones israelíes, mientras lanzan cohetes y drones desde zonas más al norte.
El terreno del sur libanés presenta desafíos extremos para cualquier ofensiva terrestre. Se trata de un laberinto de colinas, valles estrechos, olivares y pueblos densamente construidos. Al Khory señala que "Hezbolá lleva años preparándose para combatir en ese terreno. No es una llanura abierta. Son colinas, carreteras estrechas, pueblos muy cercanos entre sí. Un pequeño grupo puede disparar un misil antitanque y desaparecer en minutos". El grupo ha construido una red de posiciones dispersas, depósitos de armas y estructuras subterráneas que le permiten mantener operaciones incluso bajo bombardeos intensos. Israel ha atacado repetidamente estas estructuras, pero eliminarlas completamente resulta extremadamente difícil.
La historia pesa en el análisis militar. Israel ocupó el sur del Líbano hasta 2000, una presencia que terminó reforzando la legitimidad de Hezbolá como movimiento de resistencia. La guerra de 2006 volvió a demostrar las dificultades de combatir en ese terreno: pese a bombardeos intensos, el grupo mantuvo su capacidad de combate durante semanas. Por eso muchos militares consideran que una ofensiva terrestre profunda implicaría costos elevados. Avanzar es difícil y permanecer durante mucho tiempo podría generar una insurgencia constante.
En ese pulso táctico, una fuente militar libanesa que sigue de cerca el conflicto advierte que "las guerras en el Líbano suelen empezar con objetivos limitados y terminar ampliándose. Si Hezbolá sigue respondiendo con cohetes y drones, Israel podría verse empujado a avanzar más profundamente de lo previsto". Ese es uno de los escenarios que más preocupa a los observadores: no necesariamente una ocupación planificada desde el inicio, sino una escalada progresiva que termine creando una presencia israelí prolongada. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha advertido que el país podría pagar un precio cada vez mayor si se retrasa el desarme de Hezbolá. Incluso si otras tensiones regionales se enfrían en las próximas semanas, el sur del Líbano podría seguir siendo uno de los escenarios más inestables del Medio Oriente.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



