Isla Grande se ausentó de las urnas para exigir soluciones a sus crisis de servicios
Los habitantes de Isla Grande, en las Islas del Rosario, decidieron no votar en las elecciones presidenciales de este domingo como protesta contra el abandono estatal. La comunidad reclama por cortes constantes de energía eléctrica, falta de servicios de salud y educación. Aunque inicialmente bloquearon el material electoral, permitieron que se instalaran los puestos de votación tras negociaciones con autoridades, pero mantuvieron su abstención como medida de presión.
En un acto de inconformidad sin precedentes, la comunidad de Isla Grande decidió darle la espalda a las urnas el pasado domingo. Los habitantes del archipiélago de las Islas del Rosario se abstuvieron de participar en la jornada de elecciones presidenciales como una forma contundente de protestar por el olvido en que sienten se encuentran por parte de las autoridades nacionales, departamentales y distritales.
La medida no fue improvisada. A través de un pronunciamiento público, los isleños explicaron que detrás de esta decisión hay un cúmulo de frustración acumulada. Los servicios públicos brillan por su ausencia, la salud está rezagada, la educación no responde a sus necesidades, y el Estado simplemente no ha estado ahí cuando más lo han necesitado. Para ellos, no ir a votar era la única forma de que alguien en Cartagena o Bogotá finalmente los escuchara.
Uno de los problemas que más duele en Isla Grande es la energía eléctrica. Los residentes reportan interrupciones constantes que no son excepcionales, sino la norma. Días sin luz se repiten con tanta frecuencia que la población ya casi ni se sorprende. Eso afecta todo: el trabajo, la vida familiar, la salud. Es el síntoma de un abandono más profundo.
La protesta escaló desde temprano. Cuando llegó el material electoral, algunos miembros de la comunidad tomaron una decisión radical: bloquearon el ingreso de los puestos de votación. Pero las cosas no quedaron así. La Secretaría del Interior de Cartagena informó que hubo diálogos entre autoridades y manifestantes que permitieron un acuerdo: el personal de la Registraduría Nacional pudo entrar y montar las mesas electorales. Sin embargo, el pueblo mantuvo su postura: las urnas estarían ahí, pero ellos no irían.
La administración distrital reconoció la situación y prometió lo que siempre promete en estos casos: conversaciones. Aseguró que se reuniría con los líderes de la comunidad en los próximos días para "abordar las inquietudes" y buscar soluciones. Mientras tanto, en Isla Grande siguen sin luz, sin respuestas y, ahora, con la satisfacción de haber levantado la voz de la única forma que parecía quedarles: no participando en un proceso en el que sienten que nadie participaba por ellos.
Fuente original: Diario del Norte

