Hemofilia: qué es la enfermedad que marcó la muerte de Kevin Acosta y cómo se trata
La muerte del niño Kevin Acosta, quien padecía hemofilia tipo A severa, reabrió el debate sobre esta enfermedad rara que afecta la coagulación de la sangre. Según su madre, la interrupción del medicamento profiláctico fue determinante en su fallecimiento. La hemofilia es un trastorno genético hereditario que requiere tratamiento continuo para prevenir sangrados graves que pueden ser fatales.
La tragedia de Kevin Arley Acosta, un niño de apenas siete años, dejó un interrogante que aqueja a muchas familias colombianas: cómo una enfermedad silenciosa y controlable puede terminar siendo mortal. El pequeño fue diagnosticado con hemofilia tipo A severa, una enfermedad que impide que la sangre coagule correctamente. Su madre, Catherine Pico, fue contundente al señalar que "Él no murió por un golpe, él murió por falta de un medicamento". Lo que pasó en esas semanas sin su tratamiento ha servido para visibilizar una realidad que muchos desconocen.
La hemofilia es un trastorno genético que hereda principalmente de madres a hijos. Cuando una persona la padece, tiene niveles muy bajos o prácticamente nulos de ciertas proteínas llamadas factores de coagulación, que son esenciales para detener cualquier sangrado. En condiciones normales, cuando nos cortamos o nos golpeamos, el cuerpo forma un coágulo de forma automática. En los pacientes con hemofilia, este mecanismo de defensa simplemente no funciona como debería. Existen dos tipos principales: la hemofilia A, causada por deficiencia del factor VIII, y la hemofilia B, por deficiencia del factor IX. En el caso de Kevin, la severidad era extrema: su nivel del factor VIII estaba por debajo del 1% de lo normal.
Los síntomas varían según qué tan grave sea la deficiencia. Mientras en casos leves los sangrados se presentan principalmente después de cirugías o golpes fuertes, en formas severas pueden aparecer sin motivo aparente. Las señales más comunes incluyen moretones grandes que aparecen frecuentemente, sangrados que tardan mucho en parar, inflamación y dolor en las articulaciones por acumulación de sangre dentro de ellas, y sangrados internos que pueden comprometer órganos vitales. Uno de los riesgos más peligrosos es la hemorragia intracraneal, que puede ser mortal si no se atiende con urgencia.
El tratamiento es directo pero requiere disciplina y continuidad: administrar regularmente el factor de coagulación que el cuerpo no produce. En la hemofilia A se suministra factor VIII, ya sea sintético o derivado de plasma. Para casos severos como el de Kevin, la recomendación médica es un tratamiento profiláctico: aplicar el medicamento de manera sistemática, incluso cuando no hay sangrado, para prevenir complicaciones antes de que ocurran. El problema es que este factor tiene una vida útil muy corta en el organismo, lo que significa que el paciente debe recibir sus dosis según el esquema que indica el hematólogo. Si se interrumpe, el riesgo de hemorragias graves aumenta rápidamente, en cuestión de días.
La historia de Kevin Acosta ha puesto a Colombia frente a un espejo incómodo. Miles de pacientes con hemofilia en el país dependen de la administración continua de este medicamento para poder vivir con relativa normalidad. Su caso no es solo un drama familiar: es un llamado de atención sobre la importancia del acceso garantizado al tratamiento, la coordinación adecuada dentro del sistema de salud y la necesidad de responder con eficacia frente a enfermedades raras que, cuando no se manejan correctamente, pueden ser fatales.
Fuente original: KienyKe - Portada

