Harvard crea un enjambre de mil robots que se organizan solos para formar figuras complejas
Investigadores de la Universidad de Harvard construyeron más de mil pequeños robots llamados kilobots que pueden coordinarse entre sí para formar distintas figuras sin instrucciones individuales. Cada robot idéntico sigue el mismo programa y se comunica con sus vecinos cercanos usando luces infrarrojas, inspirándose en cómo trabajan las hormigas. El avance representa un punto de inflexión en la robótica de enjambre y abre posibilidades para aplicaciones futuras como limpiezas ambientales o respuesta a desastres.
Científicos de Harvard acaban de demostrar algo que parecía de ciencia ficción: lograr que mil robots diminutos trabajen juntos de forma coordinada sin que nadie les diga exactamente qué hacer de manera individual. Los kilobots, como los bautizaron sus creadores, son cilindros pequeños de apenas 3 centímetros de ancho que pueden moverse lentamente por una mesa y comunicarse entre sí mediante señales infrarrojas.
Lo fascinante es la sencillez del sistema. Todos los robots reciben el mismo programa, así que no necesitan órdenes personalizadas. Lo único que importa es lo que ven hacer sus vecinos cercanos. Michael Rubenstein, el investigador principal del equipo de Harvard, lo explica así: "Cada robot mira su estado actual, o sea, se pregunta qué he hecho en el pasado. Y también mira lo que sus vecinos están haciendo, basado en la comunicación. Así, toma sus propias decisiones". El resultado es que cuando se activa el sistema, los robots comienzan a moverse y a coordinarse hasta formar figuras previamente programadas. El proceso tarda entre seis y doce horas, pero funciona. El algoritmo que controla el comportamiento está inspirado en cómo trabajan las colonias de hormigas para construir estructuras complejas.
El experimento fue posible gracias a una solución práctica: en lugar de ruedas, cada kilobot tiene tres patas delgadas, lo que mantiene los costos bajos. Cuatro robots especiales colocados en posiciones clave actúan como semillas que establecen un sistema de coordenadas que se propaga por todo el enjambre a través de luces infrarrojas. Esto permite que los robots distantes se coordinen sin comunicación directa.
La comunidad científica reconoce este avance como un hito importante. Sabine Hauert, profesora de robótica de la Universidad de Bristol, considera que estamos en un "punto de inflexión" donde la informática y el hardware pueden trabajar juntos a gran escala. Roderich Gross, de la Universidad de Sheffield, fue tan impresionado que su laboratorio ya adquirió 900 kilobots para realizar sus propias investigaciones.
Las aplicaciones prácticas van mucho más allá de hacer arte con robots. Radhika Nagpal, directora del laboratorio donde se realizó el experimento, prevé que "vamos a ver un gran número de robots trabajando juntos cada vez más seguido, ya sea cientos de robots cooperando en la limpieza ambiental o en la rápida respuesta a un desastre". El mayor desafío ahora es traspasar esta tecnología desde el laboratorio a la producción industrial.
Una buena noticia para quien esté interesado: el código que controla los kilobots es de código abierto, y una empresa ya está vendiendo los robots de forma individual a unos cien dólares cada uno. Así que si tienes curiosidad por armar tu propio enjambre robótico, técnicamente es posible. Lo único que tendrás que hacer es armarte de paciencia: ver cómo toman forma las figuras es más lento que ver pintura secar, según bromeó el mismo Rubenstein.
Fuente original: BBC Mundo - Tecnología
