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¿HAARP: arma climática secreta o paranoia geopolítica? La polémica que calienta a Irán y el mundo

Fuente: Guajira News
¿HAARP: arma climática secreta o paranoia geopolítica? La polémica que calienta a Irán y el mundo
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Un programa militar estadounidense llamado HAARP, instalado en Alaska desde 1990, es acusado por varios países y teóricos de manipular el clima mediante ondas de alta frecuencia. Aunque la ciencia oficial lo niega, países como Irán, Rusia y el Parlamento Europeo han cuestionado sus verdaderas capacidades. El columnista Henry Peñalver Herrera sostiene que, más allá de si funciona o no, la existencia misma de esta tecnología constituye una amenaza a la soberanía mundial.

Cuando hablamos del calor sofocante que agobia al planeta, no estamos refiriéndonos solo al cambio climático conocido. Hay quienes apuntan a una intervención militar mucho más silenciosa: el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia, conocido por sus siglas en inglés HAARP. Un proyecto que, según sus críticos, lleva más de tres décadas transformando la atmósfera de forma deliberada.

La historia oficial cuenta que HAARP nació en 1990 como un esfuerzo científico respaldado por la Fuerza Aérea y la Marina estadounidenses, junto con agencias de defensa avanzada. El argumento era estudiar la ionosfera (esa capa atmosférica que comienza a unos 80 kilómetros de altura) para mejorar comunicaciones satelitales. Con ese propósito instalaron en Gakona, Alaska, un potente radiotransmisor de 3.600 kilovatios acompañado de 180 antenas capaces de disparar pulsos de alta frecuencia hacia el cielo.

Sin embargo, sus detractores señalan que Estados Unidos ya había experimentado con manipulación climática mucho antes. Desde la guerra de Vietnam trabajó en proyectos como Skyfire y Stormfury, diseñados para producir tormentas y huracanes. HAARP, en esta narrativa, sería simplemente la evolución tecnológica de esa obsesión por dominar el clima como se domina un campo de batalla.

La desconfianza internacional es real. El Parlamento Europeo, el 28 de enero de 1999, pidió examinar las posibles repercusiones ambientales y para la salud pública de HAARP. Rusia también lo cuestionó abiertamente, acusando a Estados Unidos de provocar huracanes, tormentas y hasta terremotos en distintos lugares del mundo. Irán denunció con especial virulencia esta amenaza. El climatólogo estadounidense Don Wigginton calificó las sequías iraníes como eventos que "ocurren una vez cada mil años", sugiriendo que las matemáticas rechazan que sean naturales. El académico canadiense Michel Chossudovsky ha documentado que, aunque Estados Unidos anunció el cierre de HAARP en 2014, las investigaciones continuaron bajo clasificación militar.

El general iraní Qasem Soleimani, antes de ser asesinado por tropas estadounidenses en enero de 2020, denunció que Washington era el "agresor ambiental" más importante del mundo, mencionando específicamente a HAARP. Días después, cuando Irán lanzó misiles contra bases estadounidenses en Irak como represalia, se registraron sismos y la caída de un avión comercial con 176 pasajeros. Las redes sociales explodieron con teorías vinculando todo a HAARP, y el hashtag se convirtió en tendencia mundial. Irán habría bombardeado bases donde, según denuncias, funcionaban sistemas de este programa.

Lo interesante no es si HAARP realmente controla el clima o no. Según la ciencia oficial, las ondas utilizadas no afectan las capas bajas de la atmósfera donde ocurre el cambio climático. El asunto verdadero es que existe la capacidad, existe la intención, y existen pueblos que sufren. HAARP ha sido señalado como responsable de inundaciones en Pakistán, sequías en Haití, tormentas en Turquía y Filipinas. El columnista Henry Peñalver Herrera lo plantea así: el calor berraco que se siente en Maicao no es solo del calentamiento global. Es el calor de una guerra donde potencias juegan a ser dioses con el destino de pueblos que nunca pidieron ni aceptaron ser conejillos de indias en un experimento geopolítico.

Fuente original: Guajira News

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