Gunna Chaparro: madre, abogada y voz ancestral arhuaca que defiende la Sierra Nevada

Gunna Chaparro es una líder indígena arhuaca que ha combinado la maternidad de sus dos hijas con un activismo internacional en defensa de la Sierra Nevada de Santa Marta. Estudia abogacía en la Universidad del Magdalena mientras participa en conferencias climáticas globales y ha sostenido encuentros con el Papa Francisco. Para ella, la crianza, el liderazgo y la defensa de su cultura nacen del mismo principio: el cuidado y la capacidad de escuchar.
Gunna Chaparro habla con una calma que impresiona, pero sus palabras cargan el peso de una convicción que parece inquebrantable. Es madre de dos niñas, líder indígena arhuaca y defensora de las comunidades de la Sierra Nevada de Santa Marta. Lo que más llama la atención es cómo ha hecho que la maternidad y el liderazgo social se alimenten mutuamente, ambos nacidos de un mismo acto: el cuidado.
Seguimiento.co conversó con ella recientemente en la sala intercultural de la Universidad del Magdalena, lugar que además es donde estudia abogacía, persiguiendo el sueño de formarse en derecho para defender mejor a su pueblo. Entre conversaciones sobre su rol como madre, estudiante, activista y líder, Gunna comparte uno de sus aprendizajes más hondos. "Mis niñas me han enseñado a ser paciente", dice reflexionando sobre cómo la crianza transformó su manera de entender el mundo. En medio de agendas internacionales, reuniones diplomáticas y espacios de incidencia global, sus hijas Zaty Inna y Tanye Iva le recuerdan constantemente el valor de prestar atención al otro, de la humanidad en su forma más pura.
Su trabajo enfocado en acompañar mujeres y niños de su comunidad busca forjar en las nuevas generaciones un orgullo profundo por ser arhuaco. "Quiero que las próximas generaciones se sientan orgullosas de ser arhuacas", afirma con convicción. Para ella, ser madre va más allá de criar: es sembrar valores, enseñar a decir las cosas "de corazón", cultivar la gratitud y la capacidad de escuchar. En sus reflexiones hay una crítica callada a una sociedad que, a su juicio, ha ido perdiendo humanidad. "Uno ve las manos pequeñas de un niño y entiende que lo único que necesita es atención", reflexiona, argumentando que esa sensibilidad no debe limitarse a los hijos propios sino extenderse a todos.
También cuestiona las barreras que enfrentan las mujeres cuando deben elegir entre la maternidad y el desarrollo profesional. En su propio caso, ha buscado demostrar que ambas pueden coexistir. "Existe la capacidad de armonizar esos papeles", sostiene. Aunque reconoce que persisten desigualdades tanto dentro como fuera de las culturas indígenas, insiste en que el liderazgo femenino construye diálogo de forma distinta. Mientras "el hombre va muy rápido y se vuelve confrontativo", ella considera que la mujer suele buscar consensos y armonía. Equilibrar todo esto no ha sido sencillo. Gunna atribuye buena parte de su camino a una red de apoyo conformada por su madre, familiares y amigos cercanos. Sin esa estructura, dice, muchas mujeres con capacidades y sueños no logran acceder a espacios de liderazgo.
Ese respaldo le permitió llegar a escenarios como las Conferencias de las Partes sobre cambio climático, y convertirse en una de las primeras mujeres indígenas colombianas en sostener encuentros directos con el Papa Francisco. En 2022 lo conoció, cumpliendo un propósito que se hizo a los 13 años. "Cuando llegó el momento, sentí como si ya lo hubiera vivido antes", cuenta. El encuentro ocurrió en medio de diálogos impulsados por el Papa sobre Laudato si', su encíclica sobre el cuidado de la casa común. Dos años después volvió a reunirse con él, esta vez para entregarle mensajes de los mamos y autoridades arhuacas. Sintió que más allá de las historias de dolor entre la Iglesia católica y los pueblos indígenas, el Papa abría un espacio para reconocer el valor espiritual de sus comunidades ancestrales. "Más que mostrar el sufrimiento, era mostrar el aporte y el conocimiento que representan los pueblos indígenas para la humanidad", expresa.
Reconoce también la responsabilidad que ha asumido de cuidar el legado de su esposo fallecido, Danilo Villafañe, quien fue durante décadas una figura destacada en la Sierra Nevada y en espacios de poder, apreciado por su sabiduría y capacidad para tender puentes sin caer en polarizaciones. Su partida le dio una nueva fuerza para seguir elevando su voz, trabajando en conservar lo que Danilo dejó mientras construye un legado propio marcado por la sensatez, la armonía, la valentía y la responsabilidad, valores que espera guíen a sus hijas en el futuro.
Hoy Gunna sigue enfocada en tender puentes entre mundos distintos sin abandonar sus raíces. Como madre, como mujer y como líder arhuaca, permanece convencida de que las transformaciones que anhela el mundo comienzan en los gestos pequeños, en la paciencia y en la capacidad de cuidar la fragilidad de otros.
Fuente original: Seguimiento
