Fracking con CO2: la apuesta tecnológica que Colombia considera para no renunciar a su gas

En Colombia, el debate sobre fracking genera pasiones encontradas, pero expertos plantean una alternativa tecnológica: usar dióxido de carbono supercrítico en lugar de agua. Este método promete acceso a decenas de trillones de pies cúbicos de gas en zonas como el Catatumbo, sin comprometer acuíferos ni generar contaminación superficial, aunque requiere instituciones robustas y control ambiental riguroso.
La palabra fracking divide aguas en Colombia. Unos hablan de oportunidad energética, otros de amenaza ambiental, pero pocas veces el país se sienta a debatir esto con la calma que merece un asunto de semejante envergadura. Especialmente cuando la economía nacional depende cada vez más de decisiones urgentes sobre energía. El fracturamiento hidráulico consiste en inyectar fluidos a alta presión para romper rocas profundas y liberar el gas y petróleo atrapados allá abajo.
Los números son tentadores. Investigaciones recientes documentan cómo esta tecnología transformó economías y reducir emisiones en potencias como Estados Unidos. Para Colombia, la promesa es similar: solo en el Valle Medio del Magdalena y el Catatumbo yacen decenas de trillones de pies cúbicos de gas sin explotar. Seguir importando gas desde países vecinos mientras ese recurso permanece enterrado suena, claramente, a un despropósito fiscal y social que el país no se puede permitir.
Ahora bien, el quid de la cuestión siempre ha sido el agua. La preocupación ciudadana por el consumo hídrico y la seguridad de los acuíferos locales es completamente legítima. Pero la tecnología no se ha estancado. La industria moderna apunta hacia el fracking sin agua, utilizando dióxido de carbono líquido y supercrítico, un gas sometido a presiones y temperaturas especiales que adquiere propiedades únicas: denso como un líquido pero fluyendo con la viscosidad baja de un gas.
Esta evolución cambia todo. Experimentos científicos muestran que el CO2 supercrítico penetra mejor los microporos de la roca, fracturándola con presiones mucho menores y creando redes de grietas más complejas y eficientes. Lo crucial es que no compite por el agua de las comunidades, no genera lodos contaminantes en la superficie y evita el hinchamiento de las arcillas subterráneas que deteriora los pozos. Además, gran parte del CO2 inyectado queda retenido geológicamente bajo tierra de forma permanente, capturando carbono y ayudando a mitigar el cambio climático.
Pero esto no es un cheque en blanco. Todo desarrollo energético deja huellas ecológicas inevitables que exigen un enfoque integral basado estrictamente en evidencia científica. El verdadero éxito no depende solo del gas, sino de instituciones fuertes. Colombia necesita un Servicio Geológico Colombiano que supere su histórica deficiencia de información precisa a escala local. Necesita mapas con exactitud milimétrica. También requiere autoridades ambientales despolitizadas y fortalecidas, que actúen como garantes técnicos, transparentes e imparciales de cada mitigación ambiental.
Para una economía tan golpeada como la colombiana, el camino inteligente no es prohibir por temor, sino adoptar con decisión la tecnología de punta combinada con control soberano impecable. El fracking con CO2 ofrece hoy una oportunidad para impulsar el desarrollo nacional, protegiendo empleos sin secar campos ni arriesgar el agua. La ciencia apunta en esa dirección. Miremos hacia allá.
Fuente original: Guajira News



