Fajardo apuesta todo a las redes sociales: de su mayor error a su nueva tarima

Sergio Fajardo reconoce que tardó en entender el poder de las redes sociales, pero hoy las ve como su herramienta principal de campaña. Con ayuda de su equipo joven, ha logrado crecer desde 2.000 hasta 23.000 personas en sus transmisiones en vivo. A dos semanas de las elecciones, mantiene la esperanza en los indecisos y dice estar en paz, aunque admite que esta es la campaña más difícil de su vida.
Sergio Fajardo reconoce su tardanza. Cuando conversa por teléfono, se le nota tranquilo y reflexivo al admitir: "Un gran error que cometí fue no haber entendido temprano la potencia de las redes sociales". Aunque las encuestas no lo favorecen, guarda esperanza en que los votantes indecisos, especialmente los jóvenes que se informan por plataformas como TikTok, lo lleven a una segunda vuelta.
El exgobernador de Antioquia nunca fue hombre de plazas públicas ni discursos desde tarimas. Siempre prefirió el contacto directo, el volanteo, llegar a la gente con mensajes distintos. Por eso convencer a Fajardo de que apostara por las redes sociales no fue sencillo. Necesitó rodearse de jóvenes como Jéssica Blanco y José Paz para entender este nuevo lenguaje. Cuando en algún momento propuso alternativas a las redes, su equipo le respondió con claridad: "no, mijo, es que no se puede". Hoy, Fajardo no concibe una campaña sin ellas. Sus asesores aseguran, con algo de humor, que le "pusimos bótox a su espíritu".
Esa juventud se ha desplegado en eventos como la "Fantástica Farra Fajardista", fiestas que ha organizado en diferentes regiones del país donde se le ha visto incluso como DJ, mezclando música de artistas como Karol G, Ryan Castro y Feid. En una de esas conversaciones, bromeó con sus asesores: "¿Usted sabe hace cuánto no me tomaba 7 aguardientes?". Los "lives" o transmisiones en vivo se han convertido en su nueva tarima. El crecimiento es evidente: pasó de promediar 2.000 personas a reunir 23.000 en sus transmisiones. Con orgullo, cuenta que ha conectado con gente de todas las regiones, incluso las más remotas. "Esta semana participó una mujer de una comunidad indígena de Ortega, Tolima, en un en vivo sobre temas de empleo. Después tuvimos a un estudiante de la Universidad del Atlántico en una charla sobre el Icetex, y luego a una muchacha de Cúcuta, con la que hablamos sobre las relaciones con Venezuela. La gente cree que TikTok es de chistes, pero nada", comenta. Su soltura en estos espacios es tal que cuando hace poco quedó atrapado en un ascensor en Teleantioquia, después de un debate presidencial, no dudó en proponer: "montémonos un live aquí". Lejos de nerviosismo, bromeó con la situación: "De más que no han arreglado este ascensor desde que fui gobernador".
Esa capacidad de tomarse la adversidad con calma es la que hoy le permite mirar con perspectiva una carrera pública que comenzó hace más de dos décadas. Fajardo fue alcalde de Medellín entre 2004 y 2007, y gobernador de Antioquia de 2011 a 2014. En ambas administraciones impulsó la educación, el urbanismo social y la cultura ciudadana, transformando ambas entidades. Matemático de formación y profesor universitario, logró la alcaldía en su segundo intento y la gobernación en el primero. Ahora va por la presidencia por tercera vez, en lo que él mismo describe como "la campaña más difícil que yo he tenido en mi vida. Sin duda, también es la Colombia más difícil, y llevo desde el año 2000 caminando".
Sin embargo, su voz no suena derrotada. A dos semanas de las elecciones, insiste en que "todavía hay tiempo" y sostiene: "He estado en paz, con el espíritu limpio, a pesar de las trampas, mentiras, engaños, obstáculos de la campaña. La he sabido llevar bastante bien". Su equipo confirma que se ve más tranquilo que al inicio de la carrera electoral. La campaña de 2022 dejó un sabor amargo que prefiere no recordar: "2022 fue la amargura. Nunca me quejé ni dije nada, pero todos los días fueron amargos. Pero no estoy con el retrovisor, quejándome". En aquella ocasión formó parte de la Coalición Centro Esperanza, que pretendía reunir figuras del centro político, pero se desmoronó rápidamente. De ella poco queda: Alejandro Gaviria se convirtió en ministro de Petro, Juan Manuel Galán apoya a Paloma Valencia, y los allegados a Carlos Amaya acompañan a Cepeda. Solo Jorge Enrique Robledo permanece junto a Fajardo.
Críticas sobre el supuesto abandono de Antioquia desde que se mudó a Bogotá en 2019 lo ronda, pero él las rechaza frontalmente como "falsas". Ganó la capital en 2018 cuando aún vivía en Medellín, argumenta. Medellín no la ganó después, dice, por "la polarización y lo que vino después del plebiscito". Su identidad permanece anclada en su condición de paisa: "Donde yo he estado, he sido un paisa y me dicen 'ahí llegó el paisa'". Cuando baja del aeropuerto, nunca falta su bandeja Sancho Paisa acompañada de una naranjada Postobón, que según sus allegados "se la toma como un ron a la orilla del mar". Quienes trabajan con él hoy lo describen como un Fajardo "más canchero, con discurso de estadista que se conoce al país, que lo ha visto y eso se nota".
Fuente original: El Colombiano - Colombia


