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Europa tambalea: la austeridad que no funciona amenaza la economía mundial

Fuente: BBC Mundo - Economía

La eurozona está atrapada en una crisis crónica de crecimiento que la posiciona como el eslabón más débil de la economía mundial. Mientras Alemania impone recortes de gasto que no generan resultados, Francia e Italia languidecen en el estancamiento, el desempleo se mantiene en máximos históricos y el fantasma de la deflación avanza. Los líderes europeos siguen sin encontrar salida estratégica, lo que genera riesgo para el comercio global, especialmente para Estados Unidos y otras regiones.

La eurozona está enferma. Después de años de crisis, la región que comparte el euro sigue atrapada en un círculo vicioso: gasta menos dinero público (austeridad), pero la economía no crece. El desempleo sigue en niveles de récord, Italia y Francia apenas crecen o directamente se contraen, y hasta Alemania, el motor que se suponía iba a jalar al resto, acaba de encoger su economía en el último trimestre. Mientras tanto, el miedo a que los precios bajen permanentemente (deflación) acecha como un cáncer que paraliza toda inversión.

¿Qué significa esto para usted? Que cuando Europa va mal, el mundo tiembla. Aunque parezca lejano, esta región es el socio comercial más importante de Estados Unidos y afecta directamente lo que pasa en otros continentes. Según expertos consultados, la eurozona se ha convertido en el eslabón más débil de la economía mundial, y "el impacto es directo en otras regiones". Mientras tanto, países como Brasil y Chile que dependen del comercio global sienten el golpe.

El verdadero problema es político disfrazado de económico. Alemania, apoyada por Holanda y otros países ricos, insiste en que todos deben apretarse el cinturón: menos gasto público, menos deuda. Francia e Italia patalea reclamando lo opuesto: que inviertan dinero público para reactivar la economía y generar empleo. Este duelo entre dos visiones opuestas se refleja incluso en los gabinetes internos de cada país. En Francia, el nuevo ministro de Economía optó por seguir la ruta alemana, abandonando la esperanza de una alianza con Italia y España para frenar los recortes. El resultado: siguen adelante con la austeridad de Angela Merkel, aunque "esta austeridad no ha dado resultado como se ve con esta crisis que hoy es crónica", según Simon Tilford del Centre for European Reform de Londres.

Las cumbres se han convertido en un circo sin conclusiones. Los líderes se reúnen una y otra vez para prometer medidas urgentes, pero terminan solo convocando la próxima cumbre. A finales de agosto realizaron una reunión de los 28 países de la Unión Europea en la que, ante datos económicos cada vez más negativos, lo único que acordaron fue volver a reunirse el 7 de octubre. Tercera cumbre en menos de un año sin resultados concretos. El problema de fondo es que políticamente cada líder responde a su audiencia doméstica, pero económicamente se está acabando el tiempo.

El dinero simplemente no circula. No hay inversión estatal porque manda la austeridad. No hay inversión privada porque los empresarios esperan a que pase la tormenta. Los consumidores no gastan por sus deudas y por miedo. "El resultado es que no hay motores para recobrar el crecimiento", explica Tilford. Para empeorar todo, la crisis en Ucrania podría costarle a Europa unos 400.000 millones de euros en pérdidas comerciales, siendo Alemania el país más afectado.

Ante este panorama desolador, Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, reconoció que la política actual no está funcionando. Draghi es el mismo que en 2012 paró una corrida especulativa contra Italia y España con solo prometer "hacer todo lo necesario" para evitar una mayor caída de la inflación, acción que le valió el apodo de "Súper Mario". Ahora intenta repetir el truco con medidas como bajar tasas de interés e inundar de dinero barato a los bancos para que presten. Pero hay una pelea de fondo dentro del Banco Central: Alemania se resiste a la emisión masiva de dinero (conocida como "flexibilización cuantitativa"), una herramienta que Estados Unidos, Reino Unido y Japón ya han usado con resultados mixtos.

En el horizonte vuelve a aparecer el fantasma de la disolución del euro. Aunque parece improbable por los costos astronómicos y la inestabilidad que traería que cada país volviera a su moneda propia, revistas como The Economist advierten que "si el euro solo trae estancamiento, desempleo y deflación, los pueblos mismos terminarán abandonándolo. El riesgo de que uno o más países elijan este camino crece cada día". Las elecciones europeas de mayo ya lo mostraron: partidos extremistas y populistas ganaron terreno, alimentados por la rabia de ciudadanos hartos. Por ahora la clase política europea sigue esperando a que, de alguna manera, la crisis se resuelva sola. Mientras tanto, el resto del mundo tendrá que convivir con una eurozona paralizada.

Fuente original: BBC Mundo - Economía

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