Europa se divide ante la escalada en Medio Oriente: cada país actúa por su cuenta

La tensión entre Estados Unidos e Israel contra Irán obliga a las potencias europeas a tomar medidas militares, pero sin una posición unificada. Francia autoriza aviones estadounidenses en sus bases, España envía una fragata a Chipre sin permitir ataques desde su territorio, e Italia despliega defensa aérea en el Golfo. Reino Unido, Grecia y Países Bajos también refuerzan su presencia militar en la región tras los ataques con drones.
Europa se encuentra en una encrucijada. La guerra que enfrenta a Estados Unidos e Israel contra Irán no solo ha sacudido Medio Oriente, sino que ha llegado hasta el Mediterráneo, obligando a las potencias europeas a reaccionar de forma apresurada pero descoordinada. El ataque con drones contra una base aérea británica en Chipre hace apenas días evidenció que la región ya no es un conflicto lejano. Los mercados globales se han convulsionado, los precios del petróleo y gas se han disparado, y Europa debe elegir: permanecer al margen o involucrarse de alguna manera.
El problema es que no hay consenso en el viejo continente. La Unión Europea no habla con una sola voz. Francia, España, Italia, Países Bajos, Reino Unido y Grecia anunciaron este jueves 5 de marzo sus propias medidas de seguridad, pero cada una refleja cálculos políticos y estratégicos diferentes. Francia ha optado por la cooperación cercana con Washington: el Gobierno de Emmanuel Macron autorizó la presencia temporal de aviones estadounidenses en sus bases de Medio Oriente para proteger a aliados en el Golfo. Es un respaldo claro, aunque sin participación directa en operaciones ofensivas.
España tomó una ruta diferente. Pedro Sánchez ha mantenido una posición crítica ante la guerra, negándose a permitir que las bases estadounidenses de Rota y Morón se usen para atacar a Irán, una decisión que desató la ira de Donald Trump. Pero Sánchez tampoco se quedó completamente al margen. El Ministerio de Defensa anunció el envío de la fragata Cristóbal Colón a Chipre para labores de escolta y protección aérea en el Mediterráneo oriental, argumentando que se trata de defender a un país miembro de la UE. El buque estará listo para colaborar en evacuaciones de civiles si la situación lo requiere. Operará junto a un portaaviones francés y buques griegos como parte de un dispositivo de seguridad regional.
Italia también mantiene esa ambigüedad estratégica. La primera ministra Giorgia Meloni anunció el envío de medios de defensa aérea al Golfo, pero fue enfática al aclarar que Roma no entra en guerra. "No estamos en guerra y no queremos entrar en una guerra", declaró a la radio RTL 102.5. Meloni justificó la medida por la presencia de decenas de miles de ciudadanos italianos en la región y unos 2.000 soldados ya desplegados. También recordó que el Golfo es clave para los suministros energéticos europeos. Como España, Italia se negó a que sus bases estadounidenses se usen para bombardear Irán, una posición que requeriría aprobación del Parlamento.
Reino Unido optó por una participación más activa en lo defensivo. Desde el 3 de marzo desplegó el destructor HMS Dragon, dos helicópteros armados Wildcat y aviones F-35B de la Real Fuerza Aérea que ya han enfrentado drones iraníes. El destructor, equipado con misiles Sea Viper, mejorará la capacidad para detectar y destruir amenazas aéreas. Aunque Londres ha participado en operaciones defensivas, como el derribo de drones, ha dejado claro que no se une a Estados Unidos e Israel en una guerra contra Irán. Ambos, Reino Unido y Chipre, aseguraron que la isla no será plataforma para ataques contra Teherán.
Grecia y Países Bajos completaron este mosaico de respuestas. Grecia ordenó el traslado de cuatro cazas F-16 y dos fragatas a Chipre, una de ellas equipada con el sistema Centauros, un sofisticado equipo de interferencia que puede detectar e incapacitar drones de baja altura. El ministro de Defensa griego, Nikos Dendias, afirmó que su país seguirá presente para ayudar en la defensa de Chipre. Países Bajos anunció que también enviaría recursos navales en los próximos días.
Lo que emerge de estos movimientos es un patrón claro: Europa actúa, pero cada capital defiende sus propios intereses. Unos priorizan la alianza con Washington, otros buscan mantener distancia de una guerra que consideran ajena, y todos intentan proteger a sus ciudadanos y activos estratégicos. Una coordinación que no existe, divisiones que permanecen abiertas, y una guerra que sigue expandiendo su radio de influencia sin que nadie en Europa sepa realmente en qué bando está.
Fuente original: France 24 - Europa



