Estudiantes de grado 11 del IPC cierran formación en convivencia y reconciliación en Riohacha

Doscientos siete estudiantes de grado 11 del Centro de Integración Popular en Riohacha culminaron un proceso de formación enfocado en manejo de emociones, resolución de conflictos y construcción de relaciones basadas en el diálogo y el respeto. La rectora Angelis Pabón Jiménez destacó que estos jóvenes, en una etapa crucial de sus vidas, ahora tienen herramientas para convertirse en multiplicadores de convivencia en sus comunidades. Los estudiantes expresaron que aprendieron a reconocer prejuicios, manejar emociones y ver el conflicto como oportunidad de crecimiento.
En Riohacha acaba de cerrarse un proceso que muchos de los jóvenes del Centro de Integración Popular llevarán en el corazón. Doscientos siete estudiantes de grado 11 completaron una formación dedicada a fortalecer habilidades que van más allá de lo académico: aprender a manejar emociones, resolver conflictos y construir relaciones basadas en el respeto y el diálogo. Herramientas que, en contextos sociales complejos como los que viven muchos jóvenes en la región, pueden cambiar vidas.
La rectora Angelis Pabón Jiménez no escondió su entusiasmo en la clausura. Recordó que los estudiantes de grado 11 están en un momento especial: los últimos días en el colegio y el comienzo de nuevas responsabilidades. Por eso, los invitó a asumir este aprendizaje no como algo que termina en la institución, sino como una misión. "Ahora tienen la responsabilidad de aplicar lo aprendido en sus barrios, futuros estudios, trabajos y espacios de vida", les dijo. La directiva insistió en que la paz no es un concepto abstracto, sino algo que se practica todos los días, en cada reacción ante una dificultad. Con una frase que resume todo, les recordó: "para pelear se necesitan dos".
Alexandra Yulieth Romero Montes, estudiante del grado 1101, reconoció que al principio muchos pensaron que sería otro taller más. Pero conforme avanzaron las sesiones entendieron que era una oportunidad genuina para hablar, escuchar y sentirse escuchados. Para ella, uno de los aprendizajes clave fue darse cuenta de cómo los prejuicios afectan la manera en que miramos a otros. También descubrió algo vital: "una palabra, un comentario o una actitud puede causar daño, mientras que el diálogo y la empatía ayudan a reparar relaciones". Alexandra añadió que comprendió que el conflicto no siempre es algo negativo. Las diferencias hacen parte de la vida, lo importante es aprender a enfrentarlas sin agresiones y con disposición para escuchar.
Abinadad Yesid Wilches Navas, otro estudiante participante, compartió un cambio personal significativo: aprendió a manejar mejor sus emociones. Antes prefería evadir los problemas, pero durante la formación entendió que enfrentarlos con respeto y responsabilidad ayuda a construir mejores relaciones. El joven destacó que el proceso le enseñó a escuchar con mayor atención y a reconocer que cada persona carga una historia diferente. Para él, la empatía, el respeto y el diálogo son las herramientas necesarias para resolver conflictos en la escuela, la familia y la comunidad.
Con este cierre, el IPC celebra una etapa formativa que deja no solo reconocimientos, sino compromisos concretos. Los jóvenes ahora cargan la responsabilidad de ser multiplicadores de convivencia en sus espacios. Una tarea grande para estudiantes que están a punto de terminar el colegio, pero que tienen todo para lograrlo.
Fuente original: La Guajira Hoy



