Espiral de precios de combustibles amenaza la economía colombiana en medio de crisis internacional
Los precios internacionales del petróleo se dispararon por el conflicto en Medio Oriente, dejando a Colombia en una encrucijada. El país que importa el 40% de su gasolina y el 15% de su diésel enfrenta un déficit creciente en el Fondo de Estabilización de Precios de Combustibles, mientras aumentan los costos de transporte y se presiona la inflación en sectores clave como agricultura, turismo e industria.
Hace poco más de un año, el Gobierno tomó una decisión difícil pero necesaria. En octubre de 2022, bajo el liderazgo del entonces Ministro de Hacienda José Antonio Ocampo, se decidió eliminar gradualmente el subsidio a los combustibles, equiparando sus precios con los del mercado internacional. Esta medida valiente permitió reducir el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de Combustibles de 36,6 billones de pesos en diciembre de 2022 a 19 billones en 2023.
Pero lo que parecía un camino controlado hacia la estabilidad se tornó turbulento cuando comenzaron los enfrentamientos en Medio Oriente. Los precios internacionales del petróleo se dispararon, generando una cascada de aumentos en gasolina y diésel. En apenas un mes, la gasolina subió 34% y el diésel aumentó aún más, llegando a crecer 84 centavos de dólar por galón en Estados Unidos en solo una semana, según la American Automobile Association. Mientras tanto, Colombia importa el 40% de la gasolina que consume y el 15% del diésel, lo que la expone directamente a estas fluctuaciones globales.
La situación se complica porque el diésel sube más rápido que la gasolina. Según analistas, esto ocurre porque ya había menor oferta global antes de este shock energético. El Ministro de Minas y Energía Edwin Palma reconoció recientemente que el Gobierno evalúa mantener, suspender o incluso revertir las rebajas recientes de gasolina. El Fondo de Estabilización cerró 2025 con un hueco de 3 billones de pesos, y proyecciones sugieren que con un barril cerca de los 100 dólares, ese déficit aumentaría 1,2 billones mensuales.
Las consecuencias van más allá del combustible. El alza presiona la inflación nacional porque afecta directamente el transporte de mercancías. Eso significa costos más altos en fletes, que se trasladan a la agricultura por el encarecimiento de fertilizantes, al turismo por tarifas aéreas y terrestres elevadas, y a toda la industria que verá reducida su competitividad. Es un efecto dominó que toca a la mayoría de sectores.
La advertencia del portavoz militar iraní Ebrahim Zolfagari añade incertidumbre al panorama. Él advirtió que el petróleo podría alcanzar los 200 dólares el barril si la inestabilidad regional continúa. Mientras tanto, el Presidente Trump ha intentado contener la crisis liberando reservas estratégicas estadounidenses de petróleo, pero sin resultados visibles hasta ahora.
Colombia se encuentra nuevamente en una encrucijada parecida a la de 2022, cuando la invasión de Rusia a Ucrania desencadenó una inflación global descontrolada que frenó el crecimiento económico, destruyó empleos y erosionó los ingresos de millones de personas. La diferencia es que esta vez el país llega más vulnerable: ya tiene un déficit acumulado en el fondo de estabilización y debe decidir entre asumir aumentos de precio que golpean a los ciudadanos o mantener subsidios que desangran las finanzas públicas. No hay soluciones fáciles en el horizonte.
Fuente original: Periódico La Guajira


