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Escándalo de acoso en el Congreso de EE.UU. salpica a congresista colombiano que guardó silencio

Fuente: El Colombiano - Colombia
Escándalo de acoso en el Congreso de EE.UU. salpica a congresista colombiano que guardó silencio
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Decenas de mujeres han denunciado acoso sexual, abuso de poder y violaciones contra legisladores estadounidenses en un nuevo capítulo del movimiento #MeToo. El congresista demócrata de origen colombiano Rubén Gallego admitió conocer los comportamientos inapropiados del senador Eric Swalwell pero nunca denunció. Expertos advierten que el problema es estructural: las víctimas no hablan por miedo, vergüenza y desconfianza en el sistema.

El Congreso estadounidense enfrenta uno de sus momentos más incómodos en las últimas semanas. Decenas de mujeres profesionales del mundo político han salido a denunciar un amplio catálogo de conductas depredadoras: relaciones sexuales forzadas con asesoras, contacto físico sin consentimiento, mensajes sexuales no solicitados e insinuaciones persistentes. Las acusaciones atraviesan de arriba a abajo los pasillos de poder en Washington, golpeando tanto a demócratas como a republicanos.

Los reflectores en el Partido Republicano apuntan hacia Tony Gonzales, senador por Texas, acusado de mantener relaciones prohibidas con asesoras bajo su supervisión. Gonzales ha anunciado que no buscará reelegirse. Pero las denuncias más serias caen sobre el demócrata Eric Swalwell, congresista por California. Varias mujeres lo han acusado de presunta violación sexual durante viajes de campaña, a tal punto que suspendió sus actividades políticas. Otras lo describieron como "un depredador". Swalwell niega todo, pero ha considerado renunciar a su cargo en la Cámara de Representantes.

Aquí entra en escena Rubén Gallego, el congresista demócrata de origen colombiano que representa a Arizona. Gallego ha reconocido públicamente que estaba enterado de los rumores y comportamientos de Swalwell durante años en Washington, pero guardó silencio. En una rueda de prensa, explicó su inacción: "Todos habíamos oído rumores en Washington sobre Eric Swalwell durante muchos años. Pero nadie pensó que las acusaciones fueran de la naturaleza que finalmente salió a la luz". Gallego admitió que la amistad cercana lo cegó y lo llevó a no creer en las denuncias. "Mucha gente en Washington trata estas cosas como algo rutinario. Debimos haber encontrado la forma de enfrentarlo", reconoció.

Otros legisladores han hablado sobre el problema más profundo que subyace en estas denuncias. Alexandria Ocasio-Cortez pidió ver este momento como un punto de reinicio para el Congreso. La excongresista Jackie Speier, que trabajó para impulsar leyes contra el acoso y castigos más severos, fue contundente al diagnosticar el mal: "Las mujeres no denuncian porque creen que están solas. Se culpan a sí mismas y el agresor se envalentona para continuar". En redes sociales añadió: "En lugar de hacerse de la vista gorda, los miembros de la Cámara deben investigar rápidamente y tomar medidas frente a esta conducta ilegal".

El consenso entre quienes analizan este escándalo es que la raíz del problema no está en individuos aislados, sino en una estructura institucional que tolera, naturaliza y protege el abuso. El silencio de los compañeros, el miedo de las víctimas y la cultura de impunidad son el caldo de cultivo donde florecen estas conductas. Cambiar eso, dicen, es un camino largo que apenas está comenzando.

Fuente original: El Colombiano - Colombia

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