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Enrique Gómez acusa al Centro Democrático de "ataques brutales" tras el sorpresivo triunfo de Salvación Nacional

Fuente: El Colombiano - Colombia
Enrique Gómez acusa al Centro Democrático de "ataques brutales" tras el sorpresivo triunfo de Salvación Nacional
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Salvación Nacional logró cuatro curules en el Senado al obtener el 3,63% de los votos, superando el umbral que muchos creían imposible. Su líder, Enrique Gómez, asegura que el Centro Democrático difundió sondeos maliciosos para desestimular a los votantes. El partido se ha convertido en el epicentro de una disputa ideológica dentro de la derecha colombiana entre quienes apoyan a Abelardo de la Espriella y los que respaldan a Paloma Valencia.

La sorpresa electoral de Salvación Nacional en los comicios pasados generó una onda expansiva en la derecha colombiana. El partido que parecía condenado a desaparecer logró colarse en el Senado con cuatro curules, alcanzando 706 mil votos aproximadamente y rompiendo el umbral del 3% que la mayoría de analistas daba por perdido. Ahora, su líder reclama que la batalla por llegar a ese punto fue más dura de lo que se vio en público.

Enrique Gómez, quien encabezaba la lista al Senado, no duda en señalar con el dedo al Centro Democrático. El político cuenta que desde esa colectividad uribista "publicaron sondeos de manera maliciosa para sustentar la tesis de que no llegábamos al umbral, de que el votante perdía su voto con las listas de Salvación Nacional". Para Gómez, fue claramente "propaganda negra", pero lo que duele es que, según él, esos sondeos "no eran muestras representativas ni eran acordes a la legislación vigente". El senador electo cree incluso que esa campaña de descrédito pudo haberles costado dos curules más.

Lo cierto es que Salvación Nacional no llegó sola a estas elecciones. Gómez mismo obtuvo cerca de 140 mil votos personales, posicionándose como uno de los legisladores más votados de la contienda. Pero fue decisiva la campaña de Sara Castellanos, exconcejal liberal que aprovechó su conexión con la Iglesia Misión Carismática Internacional, donde sus padres son pastores. Ella solita trajo más de 100 mil votos para la lista, movimiento religioso que resultó ser clave para el resultado final.

El verdadero problema, sin embargo, no es conseguir votos sino las rifas que abrió dentro de la derecha. El partido resolvió impulsar a Abelardo de la Espriella como su candidato presidencial bajo "la lista de El Tigre", lo que no sentó bien en sectores del uribismo que querían una derecha unida. Personajes como Gabriel Vallejo, director del Centro Democrático, salieron con mensajes como "el uribismo no es abelardismo, así se ponga sombrero", además de pedirle a la gente en redes que "no botar el boto" con partidos que supuestamente no llegarían.

Gustavo Duncan, politólogo de la Universidad Eafit, ve aquí algo más profundo que una simple pelea por votos. Para él, la disputa refleja "una pugna entre lo ideológico y lo político. Abelardo quiere hacer un proyecto mucho más de derecha, mientras que el Centro Democrático con la consulta quiere hacer crecer a Paloma Valencia y acercarse al centro". Los equipos de trabajo lo confirman: De la Espriella escogió al exministro de Hacienda José Manuel Restrepo, un perfil técnico pero claramente de derecha, mientras que Valencia se acompaña de Juan Daniel Oviedo, más cercano al centro.

A Gómez le da para bromear con el panorama. Reconoce que Valencia es "una persona calificada, una gran congresista" y respeta su aspiración a la Casa de Nariño, pero insiste en que la verdadera batalla presidencial es "entre Iván Cepeda y De la Espriella". Incluso critica las encuestas que le dan malas noticias a su aliado, tachándolas de "baladíes con márgenes de error altísimos, hechas por casas periodísticas que tienen candidato".

Lo que quedó claro es que la derecha colombiana está fracturada, y Salvación Nacional abrió una grieta que prometía ser cosida rápidamente pero terminó siendo un abismo. El partido de Álvaro Gómez Hurtado, que había recuperado su personería jurídica apenas para 2022, ahora es la piedra en el zapato de un uribismo que creía tenerlo todo controlado.

Fuente original: El Colombiano - Colombia

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