En San Pelayo, la Boca del Mañe vive entre obras y la incertidumbre de un río que crece sin avisar

Los habitantes de la Boca del Mañe en San Pelayo amanecen cada día pendientes de las aguas del río, que sigue creciendo lentamente. Aunque ya hay obras en marcha para contener la amenaza, acaba de llegar nueva maquinaria incluyendo un bulldozer financiado por el municipio. A pesar de estos esfuerzos, el miedo persiste ante la posibilidad de una creciente repentina que agrave todo.
En San Pelayo hay un lugar que no deja dormir tranquilo a sus habitantes: la Boca del Mañe, ese punto donde el río mantiene a la comunidad en vilo. Cada amanecer es lo mismo, la gente se despierta observando atentamente las aguas. "Así amaneció la Boca del Mañe… el río viene subiendo poco a poco", cuenta uno de los residentes de la zona, capturando bien la angustia que vive el sector día tras día.
Lo inquietante es que no hay forma de saber cuándo será demasiado. El río crece lentamente ahora, pero nadie garantiza que no habrá una creciente repentina que cambie todo en cuestión de horas. Esa es la incertidumbre que carcome a la gente: que el agua no avisa.
Con la tensión al tope, las autoridades han metido marcha a los trabajos de contención. Las obras que ya estaban no son suficientes. Ahora llegó maquinaria adicional, incluyendo un bulldozer financiado con recursos del municipio, que ya está operando en terreno para preparar el sitio y avanzar en la construcción del dique. El objetivo es claro: frenar el impacto del agua y resguardar a las comunidades vecinas.
Pero aunque estos movimientos ofrecen cierto alivio, para muchos en la zona sigue siendo insuficiente. El temor no desaparece con una máquina o un dique a medio construir. La sensación es la de una carrera contra el tiempo: las obras avanzan, pero el río no descansa.
Fuente original: Chicanoticias

