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En San Andrés luchan por salvar los pastos marinos que desaparecen silenciosamente

Fuente: El Isleño
En San Andrés luchan por salvar los pastos marinos que desaparecen silenciosamente
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Este 22 de abril, el Día de la Tierra recuerda la urgencia de proteger nuestros ecosistemas. En San Andrés, dos estudiantes de la Universidad Nacional investigan cómo restaurar las praderas de pastos marinos que han perdido miles de metros cuadrados en dos décadas. Estos ecosistemas, casi invisibles pero vitales, son viveros naturales que sostienen la vida marina y protegen las costas del Caribe colombiano.

Mientras el mundo conmemora este 22 de abril el Día Internacional de la Madre Tierra, en San Andrés hay quienes trabajan contra reloj para recuperar un ecosistema que muchos ni siquiera ven. Las praderas de pastos marinos que rodean la isla están desapareciendo, fragmentadas por lanchas, contaminadas por residuos turísticos y sofocadas por aguas grises que vierten directamente al mar. Es un drama silencioso que justo ahora empieza a recibir la atención que merece.

La Organización de las Naciones Unidas insta a que "cuidar a nuestra Madre Tierra" sea cosa de urgencia. El organismo enfatiza que debemos actuar tanto en tierra como en los océanos, especialmente porque más del 70 por ciento del planeta está cubierto de agua. Estos ecosistemas marinos no son decoración: sustentan todas las formas de vida en la Tierra y de su salud depende directamente la nuestra.

En el Caribe colombiano, tres ecosistemas trabajan juntos como una barrera natural: los arrecifes de coral, los manglares y las praderas de pastos marinos. Esta última es quizá la menos conocida pero una de las más importantes. Son viveros naturales donde miles de peces arrecifales pasan sus primeras etapas de vida. Tortugas, estrellas de mar y otros organismos encuentran en ellas alimento y refugio. Pero también hacen algo casi mágico: capturan y almacenan carbono azul durante años, evitando que se devuelva rápidamente a la atmósfera.

En lugares como Haynes Cay se han perdido más de 623.000 metros cuadrados de pradera en las últimas dos décadas, según datos presentados. Con cada metro desaparecido, se pierden servicios ecosistémicos clave: la estabilización de sedimentos, la protección de playas contra la erosión, la seguridad alimentaria de comunidades costeras enteras. Por eso dos estudiantes de Biología de la Universidad Nacional, Dannys Alejandra Herrera Alfaro y Wilson Alejandro Pacheco Cely, decidieron hacer su trabajo de grado aquí, investigando cómo restaurar estas praderas. Trabajan bajo la guía de profesores de la UNAL y con apoyo de la Corporación Centro de Excelencia en Ciencias Marinas y el Jardín Botánico de San Andrés.

Sus hallazgos preliminares pintan un panorama desafiante. Cada vez hay menos sitios adecuados para que estas plantas marinas sobrevivan. Las condiciones se han vuelto más exigentes: frentes fríos prolongados, aguas grises vertidas directamente, residuos turísticos. El tránsito constante de lanchas en aguas someras fragmenta las praderas. Y sobre las hojas de los pastos crecen diminutos organismos llamados epífitos que, en exceso, cubren las hojas e impiden que llegue la luz que necesitan para hacer fotosíntesis.

Herrera y Pacheco estudian tres especies clave: Thalassia testudinum, Syringodium filiforme y Halodule wrightii. Uno analiza cómo se organizan estas praderas según la especie dominante. La otra experimenta con técnicas para acelerar el crecimiento, removiendo sedimentos y enriqueciendo el sustrato con nutrientes. Son iniciativas modestas pero necesarias. Como señalan los estudiantes, "una mejor comprensión de los factores que afectan estos ecosistemas permite generar información para la toma de decisiones, integrando tanto la conservación como las dinámicas sociales en la isla". Mientras esperamos los resultados finales de esta investigación, lo cierto es que el mar de los siete colores de San Andrés sigue pidiendo ayuda.

Fuente original: El Isleño

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