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En medio del sufrimiento, Job clama a Dios pidiendo ser escuchado

Fuente: Guajira News
En medio del sufrimiento, Job clama a Dios pidiendo ser escuchado
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El reverendo Robinson Mejía Iguarán reflexiona sobre el pasaje bíblico de Job 13, donde el personaje bíblico, sumido en la aflicción y el dolor, siente que Dios es tanto juez como acusador de sus pecados. Job ruega que Dios aparte su mano del castigo y le permita dialogar con él para alcanzar la reconciliación. La reflexión enfatiza cómo en el caminar de fe, la prueba más dura no es el sufrimiento físico sino sentir que Dios nos ha abandonado, aunque la esperanza debe mantenerse viva.

El reverendo Robinson Mejía Iguarán, en su reflexión espiritual, nos invita a meditar en uno de los momentos más crudos de la fe bíblica: cuando Job, quebrantado por el dolor y la angustia, se atreve a clamar a Dios. En el libro de Job, capítulo 13, leemos estas palabras del personaje sufriente: "Aparta de mí tu mano, y que no me espante tu terror. Llámame luego y yo responderé; o yo hablaré y tú me responderás". Estas frases resumen la tensión que vive Job: la de un hombre que siente a Dios como juez y fiscal simultáneamente, acusándolo por sus pecados mientras lo castiga sin piedad.

En su dolor, Job experimenta algo que muchos creyentes enfrentan: la sensación de que Dios lo oprime con su mano. Job había expresado antes su angustia diciendo que Dios lo quebranta con tempestad e incrementa sus heridas sin causa aparente. A pesar de esto, y aquí radica la valentía del personaje, Job está dispuesto a pedir un juicio delante de Dios. No busca ganar un debate o demostrar que tiene razón, sino alcanzar la reconciliación. Por eso pide dos cosas fundamentales: que Dios retire la mano que lo oprime y que le permita conversar con él cara a cara.

La reflexión del reverendo Mejía destaca algo crucial: Job clama pidiendo que Dios le revele cuáles son esos pecados que siente ha cometido. Siente que el rostro de Dios se ha escondido, una señal que interpreta como juicio e ira divina. Su nombre mismo, que viene del hebreo y significa hostilizado, parece reflejar su condición. Lo irónico es que Dios había llamado a Job "mi siervo", reconociendo su integridad, pero Job no lo sabía. En su desesperación, cree haberse convertido en enemigo de quien lo creó, comparándose a sí mismo con cosas inútiles que el viento arrastra: una hoja seca, paja sin valor.

El predicador subraya un aspecto profundo del sufrimiento espiritual: que la aflicción más devastadora no es el dolor físico, sino la sensación de abandono divino. La frustración de pensar que Dios nos ha dado la espalda mientras continúa disciplinándonos, sin esperanza de que eso termine, es un sufrimiento total que golpea tanto el cuerpo como el espíritu. Es el fuego más ardiente para una persona de fe.

Sin embargo, la enseñanza que nos deja Job es poderosa: a pesar de toda esta devastación, Job no suelta "la soga de la esperanza de Dios". Sigue clamando, sigue pidiendo ser escuchado. El reverendo Robinson Mejía Iguarán nos invita entonces a mantener esa misma firmeza en nuestra fe, a no perder la esperanza en medio del sufrimiento y a acercarnos más a Dios, confiando en que el triunfo guía la aflicción. Job espera que Dios aparte su terror y que le responda cuando clame. Y esa es la invitación que permanece vigente para quienes hoy también sufren en silencio.

Fuente original: Guajira News

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