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En La Guajira, un maestro de boxeo abre caminos a jóvenes con guantes gastados y mucha fe

Fuente: Periódico La Guajira
En La Guajira, un maestro de boxeo abre caminos a jóvenes con guantes gastados y mucha fe
Imagen: Periódico La Guajira Ver articulo original

Carlos Arrieta Monterrosa lleva casi tres décadas enseñando boxeo desde su humilde gimnasio en un patio de La Guajira, formando jóvenes que hoy compiten en el exterior. Cobra apenas diez o veinte mil pesos por inscripción, sin mensualidades, porque sabe que sus alumnos vienen de familias sin recursos. Su ring se ha convertido en refugio para quienes buscan escapar de las tentaciones de la calle y construir un futuro diferente.

Cuando Carlos Arrieta Monterrosa abrió las puertas de su pequeño gimnasio en el patio de su casa en La Guajira, nunca imaginó que estaría moldeando más que puños y técnica de boxeo. Lo que comenzó como un intento simple por enseñarle el deporte a los muchachos del barrio se convirtió en algo mucho más profundo: un refugio donde jóvenes sin oportunidades claras encuentran disciplina, propósito y la esperanza de un mañana mejor. Arrieta vive allí con su esposa y varios perros, en un rincón donde muchos no ven salida, pero donde él insiste en abrir puertas a punta de jab y cross.

Su historia en La Guajira arrancó en 1996, cuando llegó como operador de maquinaria pesada para trabajos con la Gobernación. Nunca pensó que terminaría dedicando su vida a esto, pero el destino lo empujó en otra dirección. Entre sus pupilos más orgullosos están "el negrito" y Tomás, dos muchachos que hoy se abren paso en España persiguiendo una carrera en el boxeo profesional. Tomás se prepara para dar el salto definitivo, mientras que "el negrito" ya ha peleado en México después de lograr un segundo lugar en Venezuela. Estos éxitos confirman lo que Arrieta ha sabido siempre: el talento estaba allí, solo necesitaba oportunidad.

Lo más llamativo es cómo mantiene todo esto funcionando. Arrieta se ríe cuando le preguntan dónde saca dinero. "Cobro lo justo", responde sin rodeos. Pide apenas diez o veinte mil pesos de inscripción, sin mensualidades, porque entiende que la mayoría de sus alumnos proviene de familias donde cada peso cuenta. No quiere que la falta de dinero sea la razón por la que el talento se pierda. Aunque admite que la situación es dura y que algunos padres han tenido que retirar a sus hijos por falta de recursos, él se mantiene firme. Actualmente entrena a quince peleadores, entre ellos varias mujeres, algo que lo llena de orgullo porque cree que el deporte no debe distinguir género.

Una de esas jóvenes es Eribet Virginia Sarri la Plata, de 19 años, quien encontró en el boxeo la forma de mantenerse enfocada. Para ella, entrenar con "el profe Gallo" como llaman a Arrieta, ha sido la experiencia que necesitaba para evitar tentaciones y construir un futuro que antes no sabía cómo armar. El gimnasio, dice, se convirtió en su ancla.

Giancarlos Mendoza, ahora auxiliar del profesor, vivió un camino parecido. Formado por Arrieta desde finales de los noventa, aprendió a pelear en el ring y también a ordenar su vida fuera de él. Recientemente regresó de un torneo juvenil en Montería, un viaje que se financió con apoyo del presidente de la Liga, amigos y familia, sin que sobrara un peso. A pesar de las dificultades, Giancarlos habla con orgullo de representar a La Guajira en la Selección departamental y observa cómo otros jóvenes repiten su historia: muchachos que llegan sin rumbo, enredados entre fiestas y salidas fáciles. "El boxeo nos ha sacado de eso", reconoce. Arrieta insiste en que el deporte y el estudio son las llaves para no perderse en ese laberinto.

Al final, este pequeño espacio que funciona desde un patio, con paredes sin empañetar y piso en plantilla rústica, es más que un gimnasio. Es una trinchera contra la desilusión, el lugar donde un hombre decidió quedarse a enseñar a pelear en el ring y a pelear en la vida. En ese rincón de La Guajira, entre el sudor y la terquedad de la buena, también se fabrican sueños. Los de jóvenes con sed de triunfo que quieren elevar bien en alto la bandera de su tierra.

Fuente original: Periódico La Guajira

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