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En la fiesta del Buen Pastor, la Iglesia pide oración por los sacerdotes y sus vocaciones

Fuente: El Isleño
En la fiesta del Buen Pastor, la Iglesia pide oración por los sacerdotes y sus vocaciones
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Hoy la Iglesia católica en el mundo celebra la fiesta del Buen Pastor, recordando a Jesús como modelo de cuidado y entrega hacia su pueblo. Esta celebración es ocasión para orar especialmente por las vocaciones sacerdotales, que son fundamentales para el servicio de todas las demás vocaciones en la comunidad de fe. Un sacerdote reflexiona sobre tres imágenes bíblicas que caracterizan al auténtico pastor: la puerta que representa libertad y confianza, el corazón traspasado que transforma vidas, y las heridas que curan con su ejemplo de entrega.

En cada rincón del mundo, la Iglesia se detiene hoy para recordar quién es su pastor verdadero. Jesús, presentado como el Buen Pastor, no viene a dominar ni a someter, sino a amar con libertad y a rescatar a quienes se pierden en caminos que los llevan al abismo. En esta celebración, la comunidad católica también levanta sus oraciones por los sacerdotes, porque la vocación sacerdotal sostiene y sirve a todas las demás vocaciones que existen dentro de la fe.

Para entender mejor qué significa ser el Buen Pastor, es útil acercarse a tres imágenes que recorren toda la Biblia. La primera es la puerta. Jesús dijo: "Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos." La puerta representa libertad y confianza, no tiene nada de clandestinidad ni de secreto. Hay una parábola que ilustra esto: una oveja encontró un agujero en la cerca y escapó, creyéndose libre. Pero pronto se desorientó, perseguida por un lobo, hasta que el pastor la rescató y la llevó de nuevo al redil. El pastor nunca reparó el agujero. De la misma forma, para quienes hoy participan en la misión del Buen Pastor, el desafío es salir a buscar a la oveja perdida y mostrarle el amor de Cristo. La puerta del aprisco es pequeña porque requiere humildad, y solo pueden entrar quienes imitan esa humildad que tuvo Jesús al hacerse hombre. Un pastor que busca fama, poder o ambición no es pastor, es ladrón que roba y pierde las ovejas.

La segunda imagen es el corazón traspasado. El verdadero pastor lleva un mensaje que toca profundamente el alma. En los Hechos de los Apóstoles se cuenta que Pedro anunció al Mesías y "al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" Quienes recibieron ese mensaje se bautizaron. Los sacerdotes de hoy, como portadores del anuncio de la muerte y resurrección de Jesús, deben hablar al corazón para provocar cambios genuinos en la vida de las personas. El mensaje de un verdadero pastor siempre lleva a la conversión.

La tercera imagen habla de las heridas que curan. Son las marcas del amor, las señales de la cruz y la entrega. El salmo 23 describe así los cuidados del pastor: "El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas". Las heridas de Jesús en la cruz demuestran su "dolor solidario" vivido a lo largo de toda su vida. Su entrega nos salvó de un mundo sin piedad. Para los sacerdotes, esto significa que "aguanten cuando sufren por hacer el bien, esta es una gracia de parte de Dios". Las heridas por salvar a otros son signo de amor auténtico. Cuando llegue el momento de comparecer ante el Juez Eterno, probablemente se nos pedirá mostrar las llagas que evidencien el dolor solidario sufrido por amor a los pobres, a los pecadores y a los humildes.

Fuente original: El Isleño

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