Elizabeth Santamaría: la piloto de Sogamoso que abre cielo en la Aviación Naval
Una capitán de corbeta oriunda de Boyacá se convirtió en la primera mujer calificada como Oficial Instructora de Ala Rotatoria de la Armada de Colombia. Con más de 13 años de experiencia volando helicópteros, Elizabeth superó la distancia de su familia transformándola en fortaleza. Su nuevo rol le permitirá formar a las próximas generaciones de pilotos que defenderán el cielo colombiano.
Elizabeth Santamaría cada vez que despega en un helicóptero no viaja sola. Entre el sonido de las hélices y la concentración que demanda cada maniobra, también lleva consigo un pedazo importante de quién es: su familia. Por eso su nombre clave en la aviación tiene tanto peso. Su tripulación la conoce como "Púrpura", un indicativo que nació de ese vínculo profundo con los suyos y que se convirtió en su forma de llevarlos siempre cerca, aunque el deber la aleje.
Esta capitán de corbeta oriunda de Sogamoso, Boyacá, acaba de escribir una página importante en la historia de la Aviación Naval colombiana. Se convirtió en la primera mujer calificada como Oficial Instructora de Ala Rotatoria de la Armada de Colombia, una responsabilidad que la llevará a formar y evaluar a las futuras generaciones de pilotos de helicóptero. El logro no fue rápido. Detrás hay más de 13 años de experiencia operacional, cientos de horas de vuelo, misiones completadas, aprendizaje constante y una vida dedicada al servicio. Actualmente, Elizabeth es una de las dos mujeres piloto de ala rotatoria que tiene la institución y la única Piloto Comandante, una posición que refleja su preparación y el camino que ha abierto en un escenario exigente.
Elegir una vida en las Fuerzas Militares significa aprender a vivir con la distancia. En el caso de Elizabeth, esa nostalgia por su familia no la detuvo, sino que la transformó en motor. "Púrpura" es mucho más que un apodo de radio: es el símbolo de lo que la sostiene en cada misión, una manera constante de recordar que detrás del uniforme hay raíces, afectos y razones profundas para seguir adelante.
Ser instructora de helicóptero no depende únicamente de acumular horas de vuelo. Exige criterio, liderazgo, dominio técnico y la capacidad de transmitir conocimiento a quienes apenas comienzan a recorrer ese camino. Desde este nuevo rol, Elizabeth no solo seguirá volando. También comenzará a dejar huella en los pilotos que custodiarán el cielo colombiano en los años que vienen. Su misión será enseñar, evaluar y acompañar a nuevas tripulaciones en una labor que requiere temple, precisión y vocación.
Para ella, cada vuelo ha sido una oportunidad para aprender y crecer. Su historia deja un mensaje claro para las mujeres que sueñan con llegar a la aviación militar: sí es posible abrir camino, sostenerse con disciplina y conquistar espacios que parecían lejanos. Elizabeth Santamaría no solo hizo historia en la Armada de Colombia. También se convirtió en referente para quienes creen que los sueños se alcanzan con carácter, preparación y una fuerza interior capaz de llevarlos, literalmente, hasta el cielo.
Fuente original: KienyKe - Portada

