'El viejo Villo': 60 años reparando el corazón del acordeón vallenato

Ovidio Enrique Granados Melo, conocido como 'El viejo Villo', dedicó más de seis décadas a reparar acordeones con una precisión casi quirúrgica que lo hizo legendario en Valledupar. Aunque fue acordeonista talentoso que participó en el Festival de la Leyenda Vallenata, eligió convertirse en técnico y dejó una dinastía musical con sus hijos. Poco antes de su muerte, recibió el título de Rey Vallenato Vitalicio de parte de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata en junio de 2025.
En los rincones de Valledupar, durante más de sesenta años, Ovidio Enrique Granados Melo ganó un título que pocos en la región ostentan con tanto orgullo: cirujano de los acordeones. Con solo el tiempo que canta un gallo, 'El viejo Villo' abría cualquier instrumento y revelaba sus secretos mejor guardados. Sabía diagnosticar cualquier falla, indicaba el costo exacto de la reparación (que nunca superaba veinte mil pesos, aunque siempre le pedían rebaja) y entregaba el acordeón como nuevo. Fue su aprendiz quien le enseñó todo: Ismael Rudas Jaramillo, un maestro que vivía en Caracolicito, El Copey, en el Cesar.
Lo interesante es que Granados Melo tenía todas las facultades para ser un gran acordeonista. De hecho, lo era. Pero algo en el oficio de reparar esos instrumentos lo atrapó tan profundamente que decidió dejar la música de lado para dedicarse a arregladores. Eligió bien: durante gran parte de su vida vivió de eso, con una clientela tan grande que en el mes de abril, cuando llegaba el Festival de la Leyenda Vallenata, su casa en el barrio Los Caciques se convertía en un ir y venir de músicos que querían que pusiera su acordeón a punto para los concursos. Nunca reveló cuál era el secreto de su destreza, aunque sus hijos, especialmente Ovidio Raúl, heredaron ese misterio.
Su historia con el Festival de la Leyenda Vallenata es curiosa. Participó como acordeonero profesional en tres ocasiones, y las tres veces quedó en segundo lugar: en 1968, 1975 y 1983. Ganadores fueron Alejandro Durán Díaz, Julio Enrique de la Ossa Domínguez y Julio César Rojas Buendía. "Yo, siempre estuve ensegundao", comentó con cierta resignación. Pero la vida le dio revancha: sus hijos Hugo Carlos, Juan José y su hermano Almes triunfaron en ese mismo festival, llevando el apellido Granados a lo más alto.
Granados Melo también dejó su marca en la música como intérprete. Grabó tres veces con Los Playoneros del Cesar y con el legendario Diomedes Díaz. Juntos crearon canciones como 'Diana', 'Las cosas del amor', 'Palmina' y 'La guajirita'. Además participó en la producción 'Granados, Dinastía de Reyes', un proyecto que reunía a los músicos de su familia. Para él, el acordeón era más que un instrumento; era pura emoción. Por eso le gustaba aquella frase de Gabriel García Márquez: "No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo escuchamos se nos arruga el sentimiento".
Su destreza técnica era tan reconocida que incluso llegó hasta Alemania, a la fábrica Hohner, donde los maestros alemanes quedaron maravillados con su forma artesanal de reparar acordeones usando solo pocas herramientas. Allá trabajaban con métodos muy diferentes, más técnicos y complejos. Pero 'El viejo Villao' demostró que con paciencia y conocimiento, la forma tradicional de arreglar pitos, bajos y fuelles era igual de efectiva.
Ovidio Granados fue un hombre serio, de pocas palabras. Cuando hablaba de acordeoneros, citaba a Luís Enrique Martínez, Calixto Ochoa, Alfredo Gutiérrez y Emiliano Zuleta Díaz. Pero luego marcaba su territorio: "A mis hijos Hugo Carlos, Juan José, y a mi hermano Almes, no los meto en la lista porque tocan más bonito y son unos tigres". Fue padre de doce hijos y abuelo de veintiuno. Dos de sus nietos, Hugo Carlos Granados Jr. y Jairo José Lobo Granados, también son acordeoneros. La dinastía sigue viva.
La noche del siete de junio de 2025, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata le entregó un reconocimiento que lo honró en vida: Rey Vallenato Vitalicio. Sus palabras en ese momento fueron llenas de gratitud: "La gracia de Dios es grande y todo en su momento. Que mejor que sea en vida para alegrarme por este reconocimiento de Rey Vallenato Vitalicio. Estoy feliz y este título lo comparto con los seguidores de la dinastía Granados". En el kiosko de su casa quedaron grabadas miles de historias, notas de acordeones y versos. Decir adiós a quien vivió tan profundamente por su oficio nunca es fácil, porque el mañana no cura los recuerdos.
Fuente original: Guajira News

