El verdadero poder está en manos de los 20 millones que no votaron el domingo
Las elecciones dejaron un dato impactante: solo la mitad de los 41 millones de ciudadanos habilitados acudió a votar. Pero lo más importante no está en los números que ganaron, sino en los millones de abstencionistas que no se sienten representados por ninguna propuesta política. Esa mayoría silenciosa, dispersa en municipios rurales y barrios populares, será la que realmente defina quién llega a la presidencia en 2026. Los líderes que logren leer las necesidades de esa Colombia olvidada, cansada de políticos desconectados de la realidad, serán quienes cambien el tablero electoral.
La jornada electoral del domingo dejó una conclusión incómoda: solo votó la mitad del país. De 41 millones de ciudadanos habilitados para ejercer el voto, apenas 21 millones llegaron a las urnas. Ese dato no es un detalle menor que se pueda ignorar. Por el contrario, define completamente el panorama de la contienda presidencial que está por venir. Los números hablan más que cualquier discurso político, y el mensaje es claro: la verdadera batalla no será entre campañas bien estructuradas, sino por conquistar a esa enorme masa de abstencionistas que hoy no se siente llamada por ninguna propuesta que existe.
Las elecciones al Congreso dibujaron un panorama complejo. Cada aspirante presidencial arranca con una base de poder diferente, construida con votos propios o apoyada en firmas de simpatizantes. Algunos candidatos exhiben bases iniciales robustas de tres o cuatro millones de personas; otros tienen cimientos más modestos; y algunos ni siquiera tienen cifras consolidadas todavía. Hay incoherencias evidentes entre lo que sacaron en consultas internas y lo que obtuvieron sus listas al Congreso, lo que eventualmente pasará factura a quienes construyan alianzas sobre terrenos poco firmes. Pero más allá de los números, estas bases revelan algo esencial: la capacidad real de movilización, que es el insumo decisivo para ganar una primera vuelta.
En el Senado surgió otro dato relevante. Los partidos tradicionales y sus aliados consolidaron un bloque de 55 curules, suficiente para controlar la mayoría legislativa. No es una hegemonía absoluta, pero sí un núcleo fuerte con capacidad para orientar las grandes decisiones del Estado. La contienda presidencial todavía no ha comenzado formalmente, pero el país ya mandó un mensaje contundente: las elecciones no se ganan con discursos bonitos, se ganan con números concretos de apoyo real.
Sin embargo, la conclusión más importante está por fuera de las matemáticas electorales puras. El abstencionismo será el gran elector de 2026. Quien logre leer mejor las necesidades de esos 20 millones de colombianos olvidados, saturados y desencantados, será quien llegue finalmente a la Casa de Nariño. Ese electorado no está en clubes sociales ni restaurantes de moda. No vive en barrios de estrato alto. Tampoco consume diarios nacionales, no escucha a los grandes líderes de opinión de las cadenas principales, y mucho menos participa en debates digitales de élite.
Esa mayoría silenciosa habita en más de 700 municipios rurales y en los barrios populares de las ciudades grandes. Son comunidades que se mueven en Facebook, Instagram, TikTok y las emisoras locales. Son jóvenes que no pueden costear una carrera universitaria. Son graduados que no encuentran empleo digno. Son trabajadores que ven desaparecer más del 50% de su ingreso en impuestos. Son familias que padecen servicios públicos cada vez más caros, una salud que no atiende y una seguridad en constante deterioro.
Son 20 millones de colombianos cansados de lo mismo: una clase política desconectada de la realidad, una institucionalidad que no los ve, liderazgos que hablan pero no resuelven. Esa Colombia silenciosa ya no espera nada de los de siempre. Por eso, cuando aparece un outsider auténtico, sin ataduras ni el peso de lo tradicional, alguien capaz de leer su rabia y su esperanza al mismo tiempo, el tablero cambia por completo. Ahí está el nuevo mapa del poder en Colombia.
Fuente original: Periódico La Guajira


