El verdadero poder de la vigilancia no está en las cámaras, sino en qué haces con los datos

En Expo I 2026, expertos de Hikvision y Syscom explicaron que la seguridad moderna depende menos de tener miles de cámaras y más de analizar inteligentemente la información que capturan. Presentaron casos concretos como listas negras biométricas para estadios, pero también advirtieron sobre los obstáculos reales: presupuesto limitado, trámites lentos que pueden demorar años, y la necesidad de financiamiento estratégico para que estos proyectos pasen de pruebas piloto a soluciones en toda la ciudad.
¿Cuántas veces has visto esa noticia sobre "instalaron mil cámaras en el barrio"? Suena bien hasta que te das cuenta de que nadie sabe qué hacer con toda esa información. Exactamente ese es el punto que Eduardo García Jara, gerente de Gobierno de Hikvision, planteó en Expo I 2026. "Yo puedo tener cientos y miles de rostros, cientos y miles de placas, pero ¿qué estoy haciendo con esos datos?", preguntó durante el evento. Y tiene razón: el cambio real en seguridad ciudadana no viene de tener más equipos, sino de procesar inteligentemente lo que capturan.
García Jara explicó que la videovigilancia pasiva, esa donde solo se graban videos "por si acaso", ya no funciona en ciudades modernas. El futuro está en usar Inteligencia Artificial y analítica avanzada para convertir imágenes en alertas automáticas que permitan una respuesta rápida. Si una cámara detecta un rostro en una lista de personas buscadas, o un comportamiento sospechoso, el sistema debe avisar inmediatamente a las autoridades. De esa manera los datos se convierten en acciones preventivas reales, no en archivos olvidados.
Un ejemplo práctico vino de Yessica Martinez, desarrolladora de Syscom, quien explicó cómo se usan listas negras biométricas en estadios. Esta tecnología identifica a personas con antecedentes de comportamiento inadecuado en eventos y evita que entren. "Si nosotros implementamos tecnología como esta en nuestros estadios… podríamos hacer que los escenarios deportivos fueran un poco más familiares", dijo Martinez. Suena simple, pero el impacto es directo: espacios públicos más seguros donde familias pueden disfrutar sin miedo.
El desafío está en que implementar todo esto en Colombia no es solo cuestión de instalar camaritas. García Jara detalló una ruta que las administraciones territoriales deben seguir: primero, estructurar técnicamente el proyecto según los estándares de la Policía, Bomberos y Ejército. Segundo, hacer una prueba de concepto antes de licitar, para ajustar la solución al territorio real. Pero aquí viene lo complicado: los trámites de contratación pública pueden retrasar la ejecución hasta tres años, especialmente en años electorales.
El tercer paso es conseguir financiamiento, que García Jara ve como la clave. Ministerios como el TIC o el del Interior pueden cofinanciar hasta el 90 por ciento de estos proyectos, permitiendo que se ejecuten en periodos presupuestales múltiples. Sin esta planificación financiera clara, los mejores proyectos tecnológicos quedan como pilotos que nunca escalan a toda la ciudad.
Martinez cerró el análisis recordando que la verdadera medida del éxito no está en números de cámaras instaladas, sino en cómo impacta la tecnología en los ciudadanos. "Considero que es muy importante la valoración del usuario final, la valoración y el impacto que puede tener en una población un buen sistema de tecnología", subrayó. Es decir, de nada sirve tener la mejor analítica del mundo si al final los ciudadanos no sienten que sus espacios son más seguros.
Fuente original: Impacto TIC


