El sueño petrolero de Trump en Venezuela choca con la realidad: empresas estadounidenses no quieren invertir

Donald Trump prometió explotar las mayores reservas de petróleo del mundo en Venezuela, pero las empresas petroleras estadounidenses tienen serias dudas sobre la rentabilidad del negocio. Venezuela tiene infraestructura destruida por décadas de mala inversión, precios de petróleo bajos y un historial de expropiar activos extranjeros. Sin garantías gubernamentales de seguridad ni incentivos, los petroleros privados ven a Venezuela como un pozo sin fondo financiero.
El presidente de Estados Unidos prometió grandes cosas cuando comenzó el año: acceder a las reservas petroleras más grandes del planeta que están en Venezuela y aumentar la producción de crudo. Pero hay un problema importante que los analistas señalan: las empresas petroleras estadounidenses, esas a las que Trump quiere convencer de invertir, simplemente no lo ven rentable.
Venezuela ciertamente tiene el petróleo. Oficialmente declara 300 mil millones de barriles en sus reservas. El problema es que en 2023 solo logró exportar 211,6 millones de barriles, vendidos por aproximadamente cuatro mil millones de dólares. Compáralo con Arabia Saudita, que con menos reservas reportadas que Venezuela exportó petróleo por 181 mil millones de dólares en el mismo período, es decir, 45 veces más. Las cuentas no salen para los petroleros estadounidenses cuando miran la infraestructura actual.
La razón principal es simple: durante las presidencias de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el Estado extrajo dinero de la empresa estatal Petróleos de Venezuela, conocida como PDVSA, para financiar programas sociales y expansión estatal, pero no invirtió en mantener los equipos y las refinerías funcionando. Los expertos consultados hablan de una infraestructura completamente degradada. Hace una década, Venezuela producía 1,5 millones de barriles diarios más que en la actualidad. Esos campos están abandonados, las tuberías corroídas, los equipos obsoletos. Trump pedía invertir al menos cien mil millones de dólares para restaurarlo todo desde cero.
Pero hay factores que desalientan esa inversión. El crudo venezolano es pesado y ácido, mucho más difícil y costoso de extraer y refinar que el de Arabia Saudita. El petróleo actual ronda los 65 dólares por barril, bastante más bajo que los cien dólares que costaba hace una década, cuando los precios altos hacían los proyectos viables. Además, Venezuela enfrenta dudas sobre si las cifras de sus reservas son reales. Durante la presidencia de Chávez, los números casi se cuadruplicaron en 2011 gracias a que los altos precios del petróleo hacían que proyectos antes imposibles parecieran factibles. Hoy, con mercados inundados de petróleo, los analistas cuestionan si esos números siguen siendo válidos.
Lo más preocupante para los petroleros es la historia reciente. En 2007, empresas como ExxonMobil y ConocoPhillips vieron como el gobierno venezolano confiscaba sus activos cuando se negaron a ceder el control mayoritario de sus proyectos. Ganaron demandas internacionales por daños y perjuicios, incluyendo 8.300 millones de dólares a ConocoPhillips, dinero que nunca se pagó. Con ese antecedente, Trump sorprendentemente anunció que su gobierno no ofrecería garantías de seguridad a las empresas petroleras en Venezuela, algo casi incomprensible en un país donde grupos paramilitares llamados colectivos actúan como bandas criminales. El director ejecutivo de ExxonMobil ya declaró que Venezuela es "inviable para la inversión" en su estado actual.
Mónica de Bolle, investigadora del Instituto Peterson de Economía Internacional, resumió el dilema que enfrenta Trump: "¿Qué empresa en su sano juicio va a invertir dinero en Venezuela?". Los analistas anotan que Trump amenazó a ExxonMobil en lugar de ofrecerles incentivos. Es puro castigo, sin promesas de ganancias. Las empresas petroleras privadas necesitan que las inversiones generen dinero para sus accionistas, y Venezuela, tal como está, simplemente no lo promete. Sin un cambio drástico en los incentivos económicos o políticos del gobierno estadounidense, la visión de Trump de convertir a Venezuela en un polo petrolero parece atrapada en las arenas movedizas de la realidad económica.
Fuente original: BBC Mundo - Economía