El sueño pendiente de Luis Fernando: entrar al Atanasio con su Atlético Nacional
Luis Fernando Gaviria, de 38 años, es un hincha de Nacional que vende manillas en las afueras del Atanasio Girardot en días de partido, pero nunca ha logrado ingresar al estadio. A pesar de una discapacidad que los médicos dijeron lo dejaría postrado, Luis ha logrado caminar, trabajar y vivir su pasión verde desde las gradas externas. Su mayor anhelo es conocer el interior del estadio y a los jugadores de su equipo.
En las afueras del Atanasio Girardot, cuando suena la carcajada de Nacional, aparece Luis Fernando Gaviria con sus manillas verdiblancas para vender. Es un rostro conocido entre los hinchas que llegan al estadio: un vendedor ambulante con una historia que desafía lo que los pronósticos médicos alguna vez auguraron.
Luis tiene 38 años y desde que estaba en los brazos de su mamá, la vida le puso obstáculos que parecían imposibles de superar. Los médicos le dijeron a su madre algo que cualquier padre tiembla de oír: que nunca volvería a caminar. Pero Luis Fernando, desde pequeño, llevaba dentro una terquedad que no cabía en los diagnósticos. Después de cirugías y terapias durante años, a los 17 años tomó los primeros pasos completamente por su cuenta. "Mi Diosito fue tan bueno y tan lindo que me paró de una silla de ruedas y de una cama", relata con una sonrisa que desafía todo lo que tuvo que enfrentar.
Todos los días se levanta a trabajar como vendedor en el centro de Medellín, pero cuando Nacional juega en casa, Luis cambia de locación. Llega al Atanasio no solo para vender, sino para vivir el ambiente del fútbol y enviar un mensaje más profundo a quien quiera escucharlo. "Y para decirle a la gente que la discapacidad hay que vencerla y salir adelante", explica con la convicción de quien lo ha vivido en carne propia.
Ha logrado vencer casi todos sus propósitos, pero hay uno que aún está pendiente y que pesa en su corazón más que cualquier otro. Luis expresa con seguridad lo que desea: "En serio nunca he podido entrar al estadio, me gustaría algún día hacerlo con los jugadores y conocerlos". Después de tanto luchar por cosas que parecían imposibles, este hincha verde sigue esperando el día en que pueda traspesar las puertas del Atanasio, no como vendedor en la calle, sino como lo que siempre ha sido: un verdadero hincha de Nacional.
Sonriente y con una fe que no se quiebra, Luis Fernando sigue vendiendo sus manillas fuera del estadio, apostándole a que algún día ese sueño también se cumpla. Como todos los demás que ha perseguido, este también parece estar escribiendo su propia historia de superación.
Fuente original: Telemedellín