El reinado del Carnaval de Barranquilla expone la desigualdad que divide a Colombia

El Carnaval de Barranquilla mantiene dos reinas paralelas desde hace décadas: una elegida por la élite en clubes privados y otra del pueblo seleccionada en barrios populares. Expertos consultados ven en esto un reflejo de cómo funciona la desigualdad colombiana, donde apellidos y dinero determinan quién accede a ciertos espacios de poder. Aunque la festividad se presenta como un evento inclusivo, sociólogos señalan que perpetúa las jerarquías que caracterizan a la sociedad barranquillera.
En Barranquilla hay dos carnavales que funcionan a ritmos distintos. Durante el día, la ciudad entera se reúne en las calles para celebrar. Pero cuando cae la noche, los caminos se bifurcan: la Reina Popular regresa a su barrio mientras que la Reina del Carnaval permanece en espacios exclusivos como el Country Club. Esta división no es accidental. Refleja cómo en la ciudad caribeña, y en buena parte de Colombia, el poder y la visibilidad se distribuyen según el estrato económico y el apellido de cada quien.
La Reina del Carnaval se elige desde 1918, cuando la festividad apenas comenzaba. Solo hasta los años cuarenta, presionados por sindicatos obreros, las autoridades crearon un reinado paralelo para sectores menos acomodados. Desde entonces coexisten estos dos reinados sin unificarse nunca. La Reina del Carnaval proviene históricamente de familias pudientes agrupadas en clubes privados, mientras que la Reina Popular es seleccionada entre candidatas de barrios populares mediante concurso. "Es una fotografía de cómo funciona la sociedad barranquillera, que aunque ha crecido mucho sigue moviéndose, en gran medida, en clave de dinastías familiares, apellidos y clubes", explicó Tatiana Velásquez, periodista que cubre estos temas.
El caso de Michelle Char Fernández, elegida Reina del Carnaval para 2026, ilustra perfectamente esta dinámica. A los 23 años, fue capitana juvenil del Country Club y es familiar del alcalde Alejandro Char. Los Char son una de las familias más ricas de Colombia, de ascendencia sirio-libanesa, dueños del Grupo Olímpica (patrocinador del carnaval) y accionistas del equipo de fútbol Junior. No es la primera Char que lleva la corona. Como señaló el investigador Edgar Rey Sinning, "hay apellidos que se suceden en las coronaciones por años, como monarquías hereditarias". Ser reina tiene costos muy altos: entre 800 y 900 millones de pesos en gastos de vestidos, eventos y puestas en escena. Pocos pueden pagarlo.
La dirección del Carnaval defiende esta estructura. Juan José Jaramillo, director del evento, argumenta que "parece mentira, pero es una ciudad a la que le gusta su monarquía" y que la fiesta es "un gran laboratorio socioeconómico donde todos nos vemos reflejados". Asegura que aunque la Reina provenga mayormente de familias acomodadas, no es un requisito formal. Sin embargo, periodistas y sociólogos consultados coinciden en que para ser Reina del Carnaval necesitas "apellidos, dinero, o membresía del Country Club", como lo expresó una de las periodistas entrevistadas. Las candidatas populares quedan fuera de esa posibilidad.
Desde comienzos de los años 2000, el carnaval ganó visibilidad masiva con la televisión y luego con las redes sociales. Los vestidos se volvieron más espectaculares, los shows más costosos. Y con ello, algunos actores políticos notaron que había "capital cultural a explotar; también un relato político", en palabras de los expertos consultados. Aunque BBC Mundo no tiene constancia de beneficios políticos directos vinculados al reinado, la historia muestra que varios apellidos de reinas coinciden con figuras políticas importantes. La hija del senador Efraín Cepeda fue reina en 2013, y la familia Gerlein, entre las más ricas del Atlántico, ha tenido varias monarcas.
El sociólogo Jair Vega de la Universidad del Norte en Barranquilla apunta algo inquietante: "Como con las elecciones locales, todos saben quién ganará el reinado. Hay un hábito de reproducción del poder aceptado por la sociedad y las reinas se preparan para ello desde pequeñas". Colombia es uno de los países más desiguales de América Latina según el Banco Mundial, y Barranquilla, aunque ha reducido su índice de desigualdad en años recientes, sigue presentando cifras alarmantes de pobreza extrema.
El director del Carnaval rechaza cualquier idea de unificar los reinados, argumentando que "eso sería matar al carnaval de la esencia del barranquillero". Mientras tanto, la ciudad celebra durante cuatro días como si esas divisiones no existieran. La festividad masiva y colorida es real, incluso transformadora para muchos. Pero la estructura de poder que se perpetúa a través de la elección de las reinas permanece intacta, un reflejo más de cómo funciona la desigualdad en Colombia: visible a quien quiera verla, normalizada por quien la vive desde arriba.
Fuente original: BBC Mundo - Economía