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El programa nuclear de Irán vuelve a estar en la mira: ¿qué queda después de los ataques?

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El programa nuclear de Irán vuelve a estar en la mira: ¿qué queda después de los ataques?
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Los ataques de Estados Unidos e Israel del año pasado golpearon las principales instalaciones nucleares de Irán, pero la incertidumbre persiste sobre el estado real de su programa. Trump vuelve a amenazar con "cosas malas" si no hay acuerdo, mientras Irán sostiene que sus actividades son solo civiles y que la tecnología no se puede bombardear. El organismo internacional de vigilancia nuclear no ha podido inspeccionar los sitios más afectados en meses, dejando muchas preguntas abiertas.

El pulso diplomático entre Washington y Teherán sobre el programa nuclear iraní se ha recrudecido en estos primeros meses de año. Donald Trump ha concentrado aviones y buques de guerra en la región, dejando clara su posición: amenazo el 19 de febrero con que sucederían "cosas malas" si no se alcanzaba un "acuerdo significativo", y reiteró sin rodeos: "No pueden tener un arma nuclear, es muy simple... no puede haber paz en el Medio Oriente si tienen un arma nuclear".

El telón de fondo de esta tensión son los ataques que Estados Unidos e Israel lanzaron hace meses contra las instalaciones nucleares iraníes. En junio del año pasado, durante una breve confrontación de 12 días, bombardearon tres sitios clave: el mayor complejo de investigación en Isfahan, y las plantas de Natanz y Fordo, donde enriquecían uranio, es decir, aumentaban la concentración de ciertos isótopos para convertirlo en combustible nuclear. Trump afirmó entonces que las instalaciones habían sido "arrasadas". El director del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, fue más cauteloso: reconoció daños graves, pero no totales, sugiriendo que el enriquecimiento podría reanudarse en cuestión de meses.

Lo que queda sin claridad es precisamente el estado actual del programa. El OIEA estima que cuando Israel atacó en junio, Irán tenía reservadas 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60% de pureza, cercano al 90% que se necesita para uso militar. Grossi indicó en octubre que si se enriqueciera más esa cantidad sería suficiente para fabricar 10 bombas nucleares. Pero aquí está el problema: hace siete meses que el OIEA no puede verificar directamente esas reservas. No ha podido inspeccionar los tres sitios que fueron bombardeados, aunque sí ha visitado otros 13 sitios nucleares que no fueron atacados. En los últimos meses, imágenes satelitales muestran trabajos de reconstrucción tanto en Isfahan como en Natanz, con nuevas estructuras de concreto y entradas selladas con tierra.

Abbas Araghchi, el canciller iraní, ha insistido en que "destruyeron las instalaciones, las máquinas... pero la tecnología no se puede bombardear, y la determinación tampoco se puede bombardear". También aseguró a Fox News que el enriquecimiento "ahora se ha detenido", aunque esto no ha sido independientemente verificado.

La pregunta que mantiene en vilo a occidente es cuánto tardaría Irán en conseguir un arma nuclear si decidiera hacerlo. Una evaluación de inteligencia estadounidense de mayo pasado concluyó que podría producir uranio de grado militar para un primer dispositivo en "probablemente menos de una semana", pero aclaró que "casi con certeza, Irán no está produciendo armas nucleares". Sin embargo, tanto el ejército israelí como expertos independientes sugieren que Irán ha hecho "progresos concretos" en desarrollar componentes de armas.

Lo cierto es que el mundo sigue sin tener claridad sobre las verdaderas intenciones de Teherán. Irán niega buscar la bomba, argumentando que sus actividades son solo civiles, mientras que muchos países y organismos internacionales dudan de esa versión. La situación recuerda amargamente el colapso del acuerdo nuclear de 2015, cuando Trump se retiró en 2018. Irán respondió rompiendo los límites de enriquecimiento que había aceptado años atrás, lo que llevó al OIEA a declararlo formalmente en incumplimiento por primera vez en dos décadas, apenas un día antes de que Israel comenzara sus ataques aéreos. Ahora, con Trump de nuevo en el poder, la presión vuelve a subir y todo apunta a que el próximo movimiento será diplomático, aunque la amenaza militar siga flotando en el aire.

Fuente original: BBC Mundo - Últimas

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