El plan fiscal del gobierno promete ajustes, pero expertos dudan que se cumplan las metas

El Ministerio de Hacienda presentó su Plan Financiero con cifras que tranquilizaron temporalmente a los mercados, pero economistas advierten que los números esconden problemas más profundos. El déficit primario (lo que el Estado gasta por encima de sus ingresos, sin contar intereses de deuda) llegó a 3,5% del PIB en 2025, el nivel más alto en treinta años. Los analistas cuestionan si el gobierno logrará reducirlo a 2,1% en 2026 sin reformas estructurales claras.
Después de semanas de incertidumbre, el Ministerio de Hacienda finalmente sacó a la luz su Plan Financiero. La presentación del documento logró su objetivo inicial: tranquilizar a los inversionistas que querían claridad sobre hacia dónde va el país fiscalmente. Pero apenas los expertos se sentaron a analizar los números, surgieron más preguntas que respuestas sobre si las metas proyectadas son realmente alcanzables.
El diagnóstico base es contradictorio. El déficit fiscal total (la brecha entre lo que el Estado gasta y lo que recauda) cerró 2025 en 6,4% del PIB, una cifra que suena mejor que el 6,7% de 2024. Sin embargo, los que entienden estas cuestiones saben que el verdadero termómetro está en otro indicador: el déficit primario. Este número excluye el pago de intereses de la deuda y muestra el problema real de las finanzas públicas. Pasó de 2,4% del PIB en 2024 a 3,5% en 2025. Para dimensionar esto: significa que el Estado está gastando más de lo que recauda, y esa brecha crece. Según Andrés Langebaek, director ejecutivo de estudios económicos del Grupo Bolívar, este 3,5% "corresponde al nivel más alto en tres décadas si se excluyen episodios excepcionales como la crisis de 1999 o la pandemia". Es decir, Colombia enfrenta un desafío de magnitudes históricamente preocupantes.
El gobierno promete mejorar esto para 2026, reduciendo el déficit primario a 2,1% del PIB. Si se logra, sería un avance. Pero aquí está el problema: los economistas son escépticos. Camilo Pérez, director de investigaciones del Banco de Bogotá, sostiene que "el documento que publica el Ministerio de Hacienda no tiene un plan hacia adelante de cómo se va a ajustar el gasto o cómo van a mejorar el tema de ingresos". Traducción: el Plan Financiero dice cuáles son las metas, pero no explica concretamente cómo se van a lograr. Es más un requisito que una estrategia.
Otro problema es que los números dependen de supuestos que no se han cumplido. Jorge Castelblanco, CEO de Crowe Co, explica que "el documento mantiene expectativas de ingresos asociadas a reformas o iniciativas que no prosperaron en el Congreso". Es decir, el gobierno contabiliza dinero que probablemente nunca llegará porque sus propios proyectos legislativos fracasaron. El gasto público, mientras tanto, sigue desbordado sin fuentes claras de financiamiento para cubrirlo.
Hay un detalle técnico que explica por qué el déficit total (6,4%) se vio mejor de lo que realmente es. El gobierno hizo operaciones de manejo de deuda que redujeron temporalmente el pago de intereses. Sin eso, el déficit hubiera superado el 7% del PIB. Esto es importante porque muestra que la mejora no vino de un ajuste real del gasto, sino de manipulaciones contables.
Henry Amorocho, profesor de la Universidad del Rosario, pone números concretos a esto: ese déficit de 6,4% equivale a aproximadamente 136 billones de pesos. Esa es la magnitud real del hoyo que Colombia tiene. Advierte que sin reformas estructurales serias en ingresos y gastos, las metas de reducción no son realistas. El crecimiento económico proyectado sencillamente no va a generar suficiente dinero adicional para cerrar la brecha.
Claudia Ximena Flórez, de la Universidad de San Buenaventura, ofrece una lectura menos catastrófica pero igualmente clara: "el país no enfrenta una crisis fiscal inmediata, pero sí permanence en una zona de riesgo que exige decisiones de política económica más contundentes". El Plan Financiero tiene el mérito de reconocer explícitamente cuál es el problema. Pero reconocer no es resolver. El verdadero desafío será que las proyecciones para 2026 se conviertan en resultados concretos. Según Langebaek, incluso si se logra la reducción a 2,1%, eso "es simplemente la cuota inicial de un proceso de ajuste que van a tener que tener las finanzas públicas de Colombia en los próximos probablemente seis a ocho años". Colombia necesitará una consolidación gradual sostenida. Y eso, dicen los expertos, requiere decisiones políticas difíciles que aún no se ven en el horizonte.
Fuente original: Portafolio - Economía