El Pitoniso Villa: el estudiante que predijo la corrupción que hoy consume al país

Un joven brillante llegó desde la tierra de los comuneros a estudiar Biología Pura y se convirtió en una figura legendaria del movimiento estudiantil. Con su bola de cristal y su particular forma de analizar las probabilidades, predijo eventos que marcarían el futuro de Colombia: desde allanamientos universitarios hasta la transformación de guerrillas en narcotraficantes y la corrupción que permearía todas las instituciones. Sus profecías sobre la podredumbre política y moral del país se cumplieron con una precisión que dejó perplejos a quienes lo conocieron.
Un muchacho llegó desde la tierra de los comuneros con un propósito claro: estudiar Biología Pura. Su llegada a la universidad no pasó desapercibida. Un sabio profesor japonés que dirigía el programa lo acogió y lo convirtió en monitor desde el primer semestre. Era de esos estudiantes que parecían tener una capacidad infinita: devoraba libros sin tregua, estudiaba hasta el amanecer saltando entre ciencias naturales, filosofía, antropología, historia y sociología como si su mente fuera un recipiente sin fondo. Su brillo intelectual era innegable.
De pensamiento libre, se integró rápidamente al movimiento estudiantil. Orientaba a los miembros de La Patota, ese grupo de migrantes de diversas regiones que buscaban conocimiento en la ciudad. Pero había algo más en él que solo su capacidad académica. Llevaba un bigote espeso, negro y arqueado que le recordaba a Bienvenido Granda, del que coleccionaba obsesivamente toda la música. Tanto era su devoción que montó un cuarto especial en su apartamento solo para escuchar la voz del cubano en noches de bohemia, vistiendo una larga bata de arabescos dorados. Con esa misma bata leía su bola de cristal, explorador de territorios que otros no se atrevían a transitar. El Jairo, compañero que escribía canciones revolucionarias para los paros, lo bautizó con un nombre que se quedaría para la historia: el Pitoniso Villa.
Al principio muchos fueron escépticos sobre sus capacidades de vidente. ¿Un estudiante pretendiendo leer el futuro? Parecía cosa de broma. Pero con el tiempo comprendimos que no era un simple zahorí. Era más bien un investigador riguroso de las probabilidades, alguien que escudriñaba cuidadosamente lo que podría ocurrir en tiempos por venir. Y sus predicciones comenzaron a cumplirse con inquietante precisión. Predijo el allanamiento a la universidad en una madrugada silenciosa. La muerte de compañeros alzados en armas en montañas agrestes. La violencia de los años 50 resurgiendo, ahora alimentada por polvos blancos y billetes verdes que llegaban del norte. Vio cómo las guerrillas revolucionarias se transformarían en operadores de narcotráfico.
Una noche, invocando a la diosa Devi como fuente de la gran energía cósmica, pronunció palabras que se grabaron en la memoria colectiva: "La desvergüenza cubrirá las insignias mayores del país. La política, la economía, el parlamento, la justicia, los cuarteles, las entidades financieras, los gobiernos, casi todo, girará en torno de intereses cincelados a fuego lento por quienes se convertirán en los nuevos dueños del país, los amos del negocio sucio, de las jugadas opacas".
En otra ocasión, con tono que mezclaba la certeza y la angustia, sentenció: "Algunos de ustedes tendrán vida suficiente para ver, más allá del medio siglo, la podredumbre en que se convertirá esta sociedad. No habrá pudor. Delincuentes de bajo fondo y otros de traje fino compartirán tarima. Hablarán el lenguaje del crimen. Accionarán sus armas y dormirán tranquilos. No veo luz al final del túnel".
Lo que el Pitoniso Villa no predijo fue su propia muerte. Quizá algunos misterios estaban vedados incluso para quien pretendía leer lo invisible.
Fuente original: El Isleño


