El Páli Gámez: el riohachero que tejió puentes entre la música tropical y el vallenato

Álvaro Gámez Ramírez, conocido como El Páli Gámez, fue un músico riohachero que hizo carrera fusionando el vallenato con la música tropical. Hijo del reconocido Juan Gámez Suárez, comenzó tocando batería desde los doce años y en 1985 conformó su propia agrupación. Su gran aporte fue rescatar y compilar en dos discos titulados "Vida al Folklor" composiciones vernáculas de Riohacha que estaban al borde del olvido.
El Caribe colombiano pierde a uno de sus artistas más singulares. Álvaro Gámez Ramírez, más conocido como El Páli Gámez, nació el 12 de noviembre en la Calle del Alambique de Riohacha, en el seno de una familia donde la música corría por las venas. Fue el tercero de nueve hermanos, hijo del recordado músico Juan Gámez Suárez y de Dolores Ramírez Ortíz. Su matrimonio con Ximena García Figueroa le dio cuatro hijos a los que amó profundamente.
Su camino en la música comenzó temprano. A los doce años ya tocaba las timbas en Los Supersónicos, grupo que participaba activamente en el Festival Cactus de Oro del Colegio Divina Pastora. Como decimos en La Guajira, la sangre no se vuelve agua: él traía la musicalidad tatuada en el ADN. Su versatilidad lo llevó a transitar por diferentes agrupaciones, tocando batería en Los Yorkis, incursionando en el vallenato con Adaníes Díaz y Ender Alvarado, y también cantando en la Orquesta Los Latinos de su padre, donde se inició con su voz sonora e inconfundible.
El punto de quiebre llegó en 1985 cuando decidió formar su propia agrupación y grabó su primer sencillo, Carnaval. Su presentación en el Festival de Orquestas del Estadio Tomás Arrieta en Barranquilla sorprendió a propios y extraños, ganándose la admiración del público con su magistral desempeño.
Pero lo que verdaderamente lo marcó como artista ejemplar fue su obsesión por rescatar las raíces musicales de Riohacha. Se sumergió en la investigación de composiciones vernáculas que corría el riesgo de desaparecer y materializó este trabajo en dos producciones discográficas tituladas Vida al Folklor I y Vida al Folklor II. En ellas compiló canciones inéditas de exponentes de la música riohachera como La cuadrilla Pinto de Cipriano Guerrero, La camisa afuera de Rubén de Aguas, El cojo Magda de Mingo Pichón y Lucky Cotes de Carlos Espeleta, entre otros. En el segundo trabajo brilló con luz propia su interpretación de El pilón riohachero.
El Páli no entendía de fronteras musicales. Su estilo era puente viviente entre el vallenato y la música tropical, una fusión donde convivían el lamento del acordeón con la cadencia sabrosa de los metales caribeños. No buscaba romper la tradición sino expandirla, crear desde ella. Quienes lo conocieron destacan su generosidad, su oído privilegiado y su vocación de maestro hacia las nuevas generaciones de músicos que buscaban innovar desde sus raíces.
El Páli vivió como tocaba: con libertad, pasión y sin concesiones. Fue fiel a su tierra, a su gente y a la música que amó sin reservas. Su legado no descansa solo en las canciones que grabó, sino en la huella que dejó en quienes creyeron, gracias a él, que la música es un acto de identidad. El riohachero se fue, pero su música sigue resonando en cada acorde que intenta fusionar la tradición con la innovación, en cada acordeón que dialoga con los metales, en el viento salino de una Riohacha que no lo olvida.
Fuente original: Guajira News


