El Packard Clipper: la joya automotriz que rechazó un Sha y llegó a manos de Echavarría Misas
En Medellín se conserva un Packard Clipper de 1947, un automóvil de lujo estadounidense que fue rechazado por el Sha de Persia y que Don Diego Echavarría Misas importó a Colombia en 1948. Este vehículo de ocho cilindros, considerado una reliquia única en el país, perteneció al fundador del Museo El Castillo hasta su muerte en 1972. Coleccionistas locales rescataron y restauraron el automóvil, que hoy sigue siendo admirado como testimonio de la elegancia automotriz del siglo XX.
En las calles de Medellín rueda una verdadera reliquia del lujo automotriz: un Packard Clipper que cuenta una historia tan fascinante como el metal pulido de su carrocería. No es un auto cualquiera. Detrás de este imponente vehículo norteamericano hay una trama de rechazos reales, decisiones empresariales y la pasión de un filántropo antioqueño por poseer lo mejor.
Todo empezó en 1947 en las fábricas de Packard en Estados Unidos. La marca era sinónimo de distinción y sofisticación entre las élites mundiales de los años veinte a cincuenta. En esa época, un monarca persa ordenó directamente a la fábrica un Packard Clipper a su medida. Pero cuando llegó el resultado, el Sha de Persia simplemente dijo que no. El color no le gustó. Así de exigentes eran los clientes de entonces.
Fue en ese momento cuando Don Diego Echavarría Misas, uno de los empresarios más reconocidos de Antioquia y fundador del emblemático Museo El Castillo, supo de la oportunidad. Echavarría Misas no pensó dos veces. Importó el automóvil a Colombia en 1948 y desde ahí se convirtió en su compañero de viajes, el vehículo de confianza de alguien acostumbrado a lo mejor.
El Clipper no era cualquier limusina. Contaba con un potente motor de ocho cilindros en línea y un interior amplísimo, diseñado para que sus ocupantes disfrutaran del máximo confort. Sus grandes dimensiones imponían respeto, y cada detalle en su interior reflejaba esa época dorada de la industria automotriz estadounidense, cuando construir un automóvil era casi un arte.
Tras la muerte de Echavarría Misas en 1972, el vehículo desapareció lentamente de la vista pública. Casi se pierde entre los años. Pero coleccionistas y restauradores de Medellín no permitieron que sucediera. Un coleccionista local adquirió el Packard y emprendió un meticuloso proceso de restauración para devolverle su esplendor original. Hoy, más de siete décadas después de haber llegado a Colombia, el automóvil conserva gran parte de sus características auténticas, desde su exterior hasta la amplitud elegante de su interior.
Expertos y amantes de los carros clásicos lo consideran una pieza única en la ciudad, en Antioquia y probablemente en todo el país. Turistas y ciudadanos que lo ven siguen quedando cautivados. No ven solo un auto viejo. Ven una ventana abierta a un tiempo marcado por el lujo, la ingeniería cuidadosa y la historia. El Packard Clipper sigue rodando en la memoria de Medellín, como un testigo silencioso de cuando tener un automóvil era sinónimo de poder y elegancia.
Fuente original: Telemedellín


