El negocio de perder: cuánta plata les devuelve el Estado a candidatos que no ganan
Un análisis revela que en Colombia los candidatos presidenciales reciben dinero del Estado por cada voto obtenido, incluso si pierden. Para 2026, esa "reposición de votos" alcanzaría $8.613 por voto. En las consultas internas, el valor se dispara a $8.287 por voto, un aumento del 224% respecto a 2022. El columnista César Augusto Bedoya Muñoz cuestiona si la verdadera motivación de muchos candidatos es servir al país o simplemente obtener financiamiento estatal disfrazado de democracia.
Cuando uno mira el tarjetón electoral lleno de nombres y se pregunta por qué hay tantos candidatos, la pregunta que surge es inevitable: ¿todos estos señores quieren realmente transformar el país o están buscando un negocio disfrazado de política? Las cifras que maneja el analista César Augusto Bedoya Muñoz sugieren que en Colombia existe algo raro: ganar no siempre es el objetivo. A veces, simplemente ser candidato ya es rentable.
Todo tiene que ver con lo que se conoce como "reposición de votos", un mecanismo estatal para financiar campañas. La aritmética es contundente: si usted se lanza como candidato presidencial en 2026 sin pedir plata adelantada al Estado y reúne un millón de votos, aunque pierda, tiene derecho a reclamar miles de millones en dinero público. Cada voto le representa $8.613. Como dice Bedoya, "si ese candidato saca un millón de votos, aunque no gane ni la rifa de un pollo, tiene derecho a reclamar miles de millones de pesos". No perder empieza a sonar como un buen negocio.
Lo que más asusta es lo que ocurre en las consultas internas de marzo. El precio por voto se dispara a $8.287, un aumento del 224% comparado con 2022, cuando costaba alrededor de $2.500. Es un incremento desproporcionado que no tiene nada que ver con la realidad económica de la gente común. Mientras la leche y los huevos suben lentamente, el costo de un voto político se multiplica. Con esos valores, repartir comida en las plazas deja de ser generosidad para convertirse en una inversión que nosotros, los ciudadanos, terminamos pagando.
En el Congreso la historia es similar. Un senador que logre 80.000 votos puede reclamar más de $670 millones. Los políticos argumentan que las campañas les cuestan tres veces más, pero aquí es donde surge la duda incómoda: si la reposición no cubre los gastos, ¿quién les dio el dinero restante? ¿Quién espera favores a cambio? En la política nadie regala nada, y menos dinero en grandes cantidades.
Bedoya no le pide a nadie que deje de votar. Lo que hace es invitar a mirar con los ojos abiertos. La próxima consulta electoral, cuando vea candidatos en televisión, en las calles y en redes sociales, puede preguntarse si realmente quieren gobernar o simplemente están construyendo un "emprendimiento electoral" que el Consejo Nacional Electoral convertirá en cheques generosos apenas cierren las urnas.
La conclusión es incómoda: mientras los ciudadanos se pelean en redes sobre quién es mejor candidato, los políticos están realizando un cálculo más simple. Están contando votos que se convierten en dinero. La pregunta final es de cada uno: ¿esto es política o es simplemente una caja registradora con disfraz democrático?
Fuente original: Minuto30