El mundo necesita una transformación profunda: educación para la paz, no para la conveniencia
Los conflictos globales se multiplican mientras crece la rivalidad entre potencias y el extremismo violento. Sin embargo, los jóvenes cuestionan cada vez más el arsenal nuclear y la carrera armamentista. El autor plantea que la solución requiere restaurar el diálogo, crear confianza entre territorios y cambiar una educación enfocada en intereses individuales hacia una orientada a la convivencia y el bien común.
Es hora de que la humanidad se replantee su camino. El mundo está atravesado por conflictos que no disminuyen sino que se fortalecen, erosionando la seguridad internacional y los derechos humanos. El extremismo violento ha profundizado la crisis humanitaria más allá de cualquier región específica, y a esto se suma el retorno de tensiones entre las grandes potencias. Pero hay un rayo de esperanza: los jóvenes cuestionan cada vez más el papel de las armas nucleares como herramientas de seguridad.
Esta renovación que necesitamos debe comenzar con un compromiso genuino: restaurar el diálogo y reducir riesgos a través de negociaciones que respeten el derecho internacional. Iniciativas como la Estrategia Global de las Naciones Unidas contra el Terrorismo, que cumple veinticinco años, y el Plan de Acción para Prevenir el Extremismo Violento, que celebra una década, nos recuerdan que fortalecer medidas de seguridad no es suficiente. Se requieren cambios internos más profundos que amplíen el espacio cívico y generen confianza entre territorios diversos.
El problema de fondo es más perturbador aún: vivimos en un mundo globalizado que aún no sabe vivir en paz. No fuimos educados para la convivencia, sino para la conveniencia y el interés propio. Esta cultura global unifica geográficamente pero divide a las personas y las naciones, enfrentándolas y debilitando la dimensión comunitaria de la existencia.
La política ha dejado de ser "la poética de servicio, la entrega generosa para el desarrollo de todos y el bien común", convirtiéndose en un campo de batalla constante lleno de descalificaciones y mentiras sin consideración alguna. Mientras tanto, por primera vez en más de medio siglo, no hay límites vinculantes sobre los arsenales nucleares estratégicos, y las tensiones geopolíticas aumentan junto con el riesgo de que se usen armas nucleares.
La renovación debe incluir un nuevo control de armas. Debemos desarmarnos por completo y armarnos de paciencia para atendernos y entendernos. Únicamente así escaparemos de este aluvión de agresividad sin pudor.
A pesar de estas sombras densas, la humanidad aún puede conjugar el espíritu positivo hacia cosas grandes como la verdad, la bondad, la justicia y el amor. Solo necesitamos el valor de intentarlo.
Fuente original: Periódico La Guajira
