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El estaño ilegal financia la nueva guerra: cómo grupos armados compran drones con minerales

Fuente: El Colombiano - Colombia
El estaño ilegal financia la nueva guerra: cómo grupos armados compran drones con minerales
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En la frontera con Venezuela y Brasil, el estaño está reemplazando la cocaína como fuente de financiación para el Eln, disidencias de las Farc y otros grupos armados. El mineral se extrae en territorio venezolano, cruza por selva y ríos hacia Vichada y Guainía, y luego se "legaliza" en ciudades como Bogotá para entrar a mercados internacionales. Los recursos generan millones de dólares que se invierten en armas, explosivos y drones modificados para ataques. Las autoridades han decomisado más de 77 toneladas en dos años, pero persisten dificultades para procesar estos casos judicialmente.

En lo profundo de la Amazonía, donde confluyen las fronteras de Colombia, Venezuela y Brasil, fermenta un negocio que está transformando silenciosamente el conflicto armado del país. No es la cocaína la que hoy impulsa a los grupos ilegales, sino el estaño, un mineral que financia desde armas hasta drones cargados de explosivos.

Según reportes conocidos por la revista Semana, organizaciones como el Eln, la Segunda Marquetalia y las disidencias de las Farc, incluidas las comandadas por Iván Mordisco y Calarcá, controlan esta economía ilícita. Lo peculiar del estaño es que, a diferencia del narcotráfico tradicional, se mueve entre rutas clandestinas y procesos que aparentan ser legales, lo que facilita su venta en mercados nacionales e internacionales.

El recorrido es claro: todo comienza en el Arco Minero del Orinoco, en Venezuela, donde grupos armados extraen el mineral. De allí atraviesa selvas, ríos y caminos ocultos hasta llegar a departamentos colombianos como Vichada y Guainía, territorios donde el Estado apenas tiene presencia. Una fuente militar explicó que "El paso de estos minerales se da por tierra y por afluentes hídricos, por diferentes puntos donde visiblemente no hay presencia de autoridades. Por lo extenso del territorio, es difícil controlar cada uno de esos pasos".

Una vez en territorio colombiano, comienza lo que conocen como "Operación Legalización", típicamente ejecutada en ciudades como Bogotá. Aquí radica la ventaja del estaño respecto a la coca: se integra con relativa facilidad a negocios formales. Los grupos armados entonces venden el mineral por dos canales: dentro de regiones como Cauca, Catatumbo y Arauca, o hacia el mercado internacional. En Colombia alcanza entre 50 y 70 dólares por kilo, pero en Asia llega a 200 dólares. Las ganancias, así multiplicadas, se destinan a comprar armas, explosivos y tecnología modificada, incluyendo esos drones que han comenzado a emplearse en ataques ofensivos.

El coronel Roberto Contreras Félix, comandante del Ejército, confirmó que esto responde a una transformación más amplia del crimen. "Se ha evidenciado la consolidación de una economía ilícita asociada a minerales estratégicos. Responde a la reconfiguración de estructuras criminales que han migrado hacia actividades menos visibles que el narcotráfico, pero altamente rentables", expresó.

Lo revelador es que reutilizan las mismas rutas del narcotráfico y aplican sus prácticas: cobran "impuestos" a quienes participan en la cadena de extracción y transporte. Las incautaciones muestran la magnitud: se han confiscado 413 lingotes en una operación y cargamentos movilizados incluso por el aeropuerto El Dorado en equipaje. En los últimos dos años, la Orinoquía dejó decomisadas más de 77 toneladas, un golpe de más de 10,5 millones de dólares para estas organizaciones.

Las autoridades enfrentan un reto adicional: a diferencia del narcotráfico, requieren análisis técnicos especializados para identificar el estaño ilegal, equipos que no siempre disponibles en las regiones donde se hace las incautaciones. Además, los grupos operan mediante redes logísticas discretas sin estructuras visibles permanentes. Mientras coordinan nuevas operaciones, el estaño se consolida como uno de los negocios criminales más discretos y rentables del conflicto, una economía que crece bajo la apariencia de legalidad alimentando nuevas violencias.

Fuente original: El Colombiano - Colombia

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