El escrutinio: la última esperanza de Petro que la historia electoral rechaza

El presidente Gustavo Petro se niega a reconocer la victoria de Abelardo de la Espriella y pone sus esperanzas en el escrutinio, pero la historia electoral colombiana demuestra que este proceso rara vez cambia resultados. Desde 1998, las variaciones entre preconteo y escrutinio en segundas vueltas presidenciales nunca han superado el 0,1 por ciento. Con una diferencia de apenas 247.970 votos entre los dos candidatos, los números juegan en contra de cualquier reversa.
Gustavo Petro decidió no reconocer los resultados que dejaron a Abelardo de la Espriella como vencedor de la segunda vuelta presidencial. Su postura no fue sorpresa: durante semanas había sembrado dudas sobre la transparencia del proceso electoral. Ni siquiera esperó a que cerraran completamente las urnas para dejar clara su intención. "No se puede proclamar ningún presidente. Es el escrutinio el que determina quién es el presidente. Obedezco a los jueces. Vamos a escrutinios", escribió poco después de conocerse los primeros resultados.
Ahora bien, lo que viene no es una nueva elección ni un escenario abierto donde todo pueda suceder. El escrutinio es el proceso formal en el que jueces de la República, notarios, registradores y testigos electorales revisan acta por acta, mesa por mesa y voto por voto el trabajo realizado por los jurados. Se trata de una jornada maratónica que ya está en marcha en 34 sedes del país, donde más de 3.157 comisiones escrutadoras verifican, cuentan y consolidan cada voto. Las campañas pueden presentar reclamaciones sobre irregularidades, y los escrutadores pueden incluso reabrir bolsas de votos si lo consideran necesario.
Lo importante es que la historia electoral reciente colombiana muestra un patrón consistente: el escrutinio casi nunca altera de fondo lo que ya mostró el preconteo. En 2022, cuando Petro ganó la presidencia frente a Rodolfo Hernández, la diferencia entre el preconteo y el escrutinio municipal fue apenas del 0,1 por ciento. Ese mismo año, en las legislativas de 2026, la variación global fue de apenas 0,28 por ciento. En la primera vuelta de estas mismas elecciones, pasadas cuatro días de escrutinio intenso, las reclamaciones no superaron el 0,7 por ciento, ratificando lo que ya se conocía.
Pero hay un dato más determinante todavía: desde 1998, en todas las segundas vueltas presidenciales que ha habido en Colombia, la distancia entre preconteo y escrutinio nunca ha superado el 0,1 por ciento del total de votos. En 1998 fue de 69.025 votos de diferencia, en 2010 de 40.734, en 2014 de 23.274, en 2018 de 25.236 y en 2022 de 29.216 votos. Nunca, en la historia del país, el escrutinio ha cambiado al ganador de una elección presidencial.
Esta segunda vuelta tuvo una de las diferencias más estrechas en décadas: apenas 0,95 por ciento entre De la Espriella e Iván Cepeda, equivalente a 247.970 votos. Sin embargo, analistas como Ricardo Ruiz señalan que incluso en el escenario más favorable para una reversa, "supongamos que en esta elección haya un cambio de 0.2 puntos porcentuales, que sería muchísimo. Igual eso no revierte el resultado". La matemática electoral simplemente no juega a favor de Petro.
Lo que sí es notable es que esta elección fue blindada como pocas antes. Más de 250.000 testigos electorales estuvieron desplegados en todo el país vigilando mesas, formularios y conteos. "La gente se organizó un montón. Realmente fue una fiesta democrática", reconoció Ruiz. Cuando Petro dice "vamos a escrutinios", lo que espera no es un giro dramático de los números, sino simplemente la validación formal de lo que ya ocurrió.
Fuente original: El Colombiano - Colombia



