El dinero mata idiomas: por qué los países ricos pierden sus lenguas originarias
Un estudio de Cambridge descubrió que el desarrollo económico es la principal causa de extinción de idiomas en el mundo. Cuando un país crece económicamente, obliga a la gente a abandonar sus lenguas locales para adoptar la dominante y no quedarse atrás. El 25% de los idiomas mundiales están en peligro, pero casos como el galés en Reino Unido muestran que es posible frenar la extinción si el gobierno lo convierte en prioridad cultural.
Cuando un país prospera económicamente, mata su propia riqueza lingüística. Así de crudo lo plantea una investigación de la Universidad de Cambridge que encontró una relación directa entre el crecimiento económico y la desaparición acelerada de idiomas locales. No es coincidencia: en América del Norte, Europa y Australia están ocurriendo las extinciones más rápidas de lenguajes. Y la razón es simple: la plata habla, y obliga a otros idiomas a callarse.
El fenómeno funciona así. Cuando una economía se desarrolla, un idioma único se vuelve dominante en el mundo de la política y la educación. La gente siente que tiene que aprender ese idioma para no quedarse atrás, para competir por empleos mejores, para acceder a oportunidades. Es presión económica disfrazada de progreso. Tatsuya Amano, quien lideró el estudio, lo explica de esta forma: "En el desarrollo de una economía, por lo general un idioma se convierte en el dominante de las esferas políticas y educativas de una nación" y luego "la gente termina forzada a adoptar el lenguaje dominante para evitar quedar afuera de ese desarrollo, ya sea económico o político".
El problema es brutal. Aproximadamente uno de cada cuatro idiomas en el mundo está en peligro de extinción. Algunos están al borde del acantilado: el nabesna, hablado en Alaska, apenas tiene 25 hablantes. El kusunda en el Himalaya tiene aún menos: solo 8 personas lo utilizan. Y lo alarmante es que ahora esta ola de extinción está llegando a países en desarrollo de rápido crecimiento, como algunos en el Himalaya y el trópico, que pronto enfrentarán el mismo dilema que vivieron naciones desarrolladas.
Pero no tiene que ser así. El País de Gales demostró que es posible frenar esta máquina de extinción si lo conviertes en asunto de Estado. Hace dos décadas el gobierno galés decidió que el galés importaba. Hizo obligatorio su enseñanza en escuelas primarias y secundarias. En 2012 lo convirtió en idioma oficial, por encima del inglés. Hoy aproximadamente el 20% de la población habla y escribe galés. No es un número enorme, pero representa un idioma rescatado de la muerte segura.
Los científicos piden a gritos que se replique este modelo en las zonas de alto riesgo. El mensaje es claro: si no ponen sus idiomas originarios en el centro de la vida cultural nacional, la extinción llegará inexorablemente. El dinero mata las lenguas, pero la voluntad política puede resucitarlas.
Fuente original: BBC Mundo - Economía
