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El decálogo de una derrota: qué salió mal en la campaña presidencial

Fuente: Minuto30

Una campaña que creía en la unidad y el diálogo perdió estrepitosamente frente a una propuesta polarizada. Los errores fueron múltiples: desde la elección tardía de la candidata hasta subestimar al contrincante, pasando por decisiones que alejaron a votantes conservadores. Lo más crítico fue no entender que Colombia está dividida emocionalmente entre dos visiones irreconciliables, y que el centro tibio terminó diluido en esa batalla.

La paliza del domingo pasado dejó lecciones amargas pero necesarias. La candidata obtuve apenas la mitad de los votos que había cosechado en la consulta de marzo, mientras que su compañero de fórmula y otros participantes en esa contienda sumaron apenas la cuarta parte del respaldo total. Un examen honesto de lo ocurrido es indispensable para entender por qué una propuesta que prometía unidad terminó tan derrotada.

El primer problema fue que la base electoral nunca estuvo completamente convencida. Aunque el presidente Uribe dejó clara su preferencia, otros nombres seguían resonando en sectores importantes del movimiento, creando divisiones que el tiempo no sanó. La elección de la candidata llegó tarde en el proceso. Peor aún, quedaron figuras políticas clave que no se alinearon públicamente con ella, y sus declaraciones posteriores dejaban ver sus preferencias por otros candidatos. Estas heridas abierto supuraron durante los últimos días de campaña.

La campaña no estaba lista para gestionar la victoria en la Gran Consulta. Integrar a los otros participantes en un mensaje coherente fue difícil, y luego no supo cómo convertir esa ventaja inicial en una estrategia ganadora para la presidencia. La elección de compañero de fórmula, aunque se trataba de una persona de calidades personales genuinas, resultó políticamente costosa. En un país donde todavía pesan mucho los prejuicios, sumar a una mujer y a un integrante de la comunidad LGBTQ generó rechazo en sectores conservadores, cristianos y entre los veteranos, que se sintieron menos representados. El compañero de fórmula además enfatizó aspectos de su identidad personal más que sus habilidades técnicas y conocimientos, y sus diferencias públicas con la candidata mandaron mensajes contradictorios.

Todo esto provocó una hemorragia de votantes que la campaña no supo detener. Se creyó que podían compensarse con electores del centro, pero la realidad fue diferente. La campaña tampoco logró contrarrestar las acusaciones que circulaban en redes y medios: que la candidata era de izquierda, que no era provida, que su compañero promovía ideologías que generaban miedo. No tuvo respuestas eficaces para estas narrativas.

La gestión política también falló. Se entregó el manejo a personajes sin poder electoral propio y con imagen cuestionada. Hubo insistencia en recibir a partidos tradicionales que prometían votos pero nunca los entregaron, mientras que no se les pidieron compromisos verificables. Desde 2014, estos partidos han perdido todas las elecciones, y esta campaña no tenía ni la capacidad ni el dinero para cambiar esa realidad.

Lo más grave fue no comprender la realidad del país. Se creía que los colombianos querían una propuesta de unidad, diversidad y propuestas técnicas. Pero la verdad es otra. El país está visceralmente dividido: entre Petro y contra Petro, entre dialogar con grupos armados o combatirlos, entre miedo al comunismo o miedo a la extrema derecha. En esa polarización, la candidata y su fórmula quedaron atrapadas en una imagen de centro tibio y débil. En los últimos días, además, la idea del voto útil se convirtió en arma en su contra. Con una táctica hábilmente alimentada, el contrincante vendió la idea de que podía ganar en primera vuelta, logrando que millones de simpatizantes prefirieran votar por él. Y en esa noche horrible, la propuesta de unidad se desvaneció.

Fuente original: Minuto30

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