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El corazón del Hospital General: así trabajan las 80 voluntarias que cuidan con amor

Fuente: Telemedellín

En el Hospital General de Medellín, cerca de 80 mujeres voluntarias cumplen una misión tan valiosa como la de médicos y enfermeras. Desde acompañar a madres primerizas con consejos de lactancia, hasta distribuir ropa y pañales a familias sin recursos, estas voluntarias brindan también compañía a pacientes solos. Su trabajo nace únicamente de la convicción y la vocación, sin recibir salario alguno.

Dentro de los pasillos del Hospital General de Medellín funciona una red invisible de cuidado. Mientras los médicos y las enfermeras luchan contra la enfermedad, hay un grupo de mujeres que cumple una labor igualmente importante pero menos visible: las damas voluntarias. Son cerca de 80 mujeres que dedican su tiempo sin recibir un peso a cambio, movidas únicamente por la convicción de que el cuidado es también un acto de amor.

En el piso quinto, donde reposan las mamás que acaban de dar a luz, llegan las voluntarias para acompañarlas en esos primeros días. Alejandra Ramírez es una de ellas y explica su rol con claridad: "la responsabilidad mía es apoyar y culturizar de alguna manera del tema de lactancia en todas estas mamás". Comparten conocimiento sobre los beneficios de la leche materna y resuelven dudas que muchas nuevas madres enfrentan con incertidumbre. Es un apoyo que trasciende lo médico para tocar lo emocional.

Pero el trabajo de estas mujeres va mucho más allá. María Elena se encarga del ropero del hospital, donde cada puerta está clasificada por días de la semana. Ella organiza con precisión la ropa que entregan a quienes la necesitan. Muchas familias llegan sin recursos suficientes, sin mudas de ropa para sus hijos. "Hay pacientes que llegan sin nada de vestimenta y llevan varios días, entonces se tienen que cambiar o a veces también les hacen falta pañales", cuenta María Elena. Las voluntarias se encargan de que nadie en el hospital carezca de lo básico: pañales, productos de aseo, ropa para adultos y niños.

Está también María Piedad, quien dedica su tiempo a visitar a los pacientes que permanecen solos. Con genuina empatía pregunta cómo se han sentido, acompaña la soledad y la enfermedad con su presencia. Es ese abrazo humano que a veces es tan importante como la medicina.

El Hospital General atiende mayormente a pacientes del régimen subsidiado: comunidades vulnerables, habitantes de calle, poblaciones indígenas. Aquí las voluntarias van más allá de lo que se espera: gestionan pasajes para quien lo necesita, ofrecen hogares de paso, y hasta tienen un preescolar para los niños. Miriam Lucía Patiño cuenta que llevan loterías y juguetes: "a veces se los regalamos, hay muchos juguetes que se les dan". Todo viene de donaciones y de la generosidad de quienes entienden que la vulnerabilidad requiere respuestas integrales.

María Antonia Rendón, una de estas voluntarias, lo resume en una frase que lo dice todo: "todo esto que estamos hablando y estamos viendo es pura vocación". María Piedad va más allá: asegura que esta es una labor que ama con todo su corazón. En un país donde a veces parece que falta todo, estas mujeres deciden que lo que sobra es el amor para darlo.

Fuente original: Telemedellín

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