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El cartel de las bombillas: cómo nació la trampa del consumismo que pagamos todos

Fuente: BBC Mundo - Economía

En los años 20, grandes fabricantes de bombillas se pusieron de acuerdo en Berlín para reducir deliberadamente su durabilidad y así vender más. Este "cartel Phoebus" acortó la vida útil de 2.500 a 1.000 horas, duplicando las ventas. Esa práctica, conocida como obsolescencia programada, se convirtió en el modelo de la economía moderna y hoy está en casi todo: desde cartuchos de impresora hasta teléfonos celulares.

La próxima vez que compre una bombilla, un cargador o un electrodoméstico que "se dañe" apenas pasado el tiempo de garantía, sepa que probablemente no fue mala suerte. Fue planeado hace casi un siglo en Berlín.

En los años 20, cuando la electricidad comenzaba a ser común en los hogares, los fabricantes de bombillas enfrentaban un problema de éxito: sus productos duraban demasiado. Una bombilla podía brillar durante 2.500 horas, lo que significaba que los clientes las compraban una sola vez y se olvidaban del asunto durante años. Eso no era rentable. Entonces, un grupo de grandes empresas eléctricas decidió hacer algo radical: se pusieron de acuerdo para que las bombillas duraran menos.

En 1924, en una reunión en Ginebra, los líderes de las mayores compañías del sector llegaron a un acuerdo coordinado. Redujeron la vida útil de una bombilla de 2.500 horas a solo 1.000 horas, un corte del 60 por ciento. Este cartel, llamado Phoebus, también estableció precios conjuntos y cuotas de producción. Además, implementó multas en moneda suiza para cualquier fabricante que se atreviera a vender bombillas que duraran más de lo acordado. Un ejecutivo escribió en la época que este "programa de estandarización" duplicaría el negocio de todas las partes en menos de cinco años.

Lo fascinante es que durante décadas esto fue un secreto casi perfecto. Fue hasta los años 90, cuando el investigador alemán Helmut Herger encontró documentos olvidados en la antigua fábrica de Osram en Berlín Oriental, que el mundo supo la verdad. "Yo conocía a la gente del Consejo de Trabajadores de la fábrica de bombillas y sabía que cuando la cerraron, habían guardado el archivo", le contó Herger a la BBC.

Pero el cartel Phoebus fue apenas el comienzo. La Segunda Guerra Mundial lo disolvió, pero la idea quedó sembrada. Hoy la obsolescencia programada, como se llama este sistema de diseñar productos para que fallen rápidamente, está en todas partes. Stefan Schlegel, investigador de la Universidad Técnica de Berlín, lo describe como "un secreto a voces". Gerentes ejecutivos en congresos mundiales le han dicho: "Todos sabemos de eso". Hay ejemplos por todos lados: cartuchos de tóner de impresoras que dicen estar vacíos pero pueden seguir funcionando si se reinician, máquinas de lavar con piezas que fallan por diseño, cepillos de dientes sellados para que no se cambien las baterías.

Lo curioso es que la obsolescencia ya ni siquiera necesita que un producto se dañe. Hoy los fabricantes simplemente lanzan versiones nuevas, más bonitas o con pequeñas mejoras, y millones de personas las compran aunque su aparato anterior funcione perfectamente. Los supermercados electrónicos se llenan de filas de gente esperando horas por el nuevo celular o la nueva tableta. Cuando la BBC preguntó a un joven que había esperado 18 horas frente a una tienda de Apple por qué era tan urgente cambiar su teléfono, respondió sin dudarlo: "Porque esta vez son de colores diferentes".

Esta es la herencia del cartel de 1924: vivimos en un mundo donde aceptamos, casi sin cuestionarnos, que las cosas deben durar poco y compramos constantemente. No fue un accidente. Fue una decisión de negocio tomada hace casi un siglo que los fabricantes han perfeccionado hasta convertirla en la norma invisible de nuestra vida cotidiana.

Fuente original: BBC Mundo - Economía

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