El campo reclama caminos dignos, no promesas: la columna que cuestiona el olvido rural
José Félix Lafaurie Rivera argumenta que la verdadera paz en Colombia depende de recuperar el campo mediante infraestructura vial de calidad, seguridad rural como política de Estado y proyectos productivos concretos. Cuestiona que las soluciones se enfoquen solo en la tierra sin acompañamiento estatal. Critica que candidatos electorales no den peso real a las necesidades del sector rural en sus propuestas.
Cada cuatro años, desde hace más de dos décadas, José Félix Lafaurie Rivera repite una pregunta inquietante: Y el campo, ¿qué? Detrás de esa interrogación hay una certeza que ha defendido toda su vida: la paz real de Colombia pasa obligatoriamente por recuperar el campo. No se trata solo de detener los fusiles, sino de construir bienestar donde la violencia y la ilegalidad han dejado cicatrices profundas.
Para Lafaurie, es evidente que una paz verdadera no puede existir en territorios olvidados por el Estado. El campo no ha sido la locomotora del desarrollo que tanto prometieron, sino más bien un espacio abandonado donde conviven pobreza, narcotráfico y violencia. Y aunque reconoce el derecho legítimo del campesino a la tierra, sostiene que una parcela sin acompañamiento nunca sacará a nadie de la pobreza. Se necesitan vías, sistemas de riego, crédito accesible, asociatividad y proyectos productivos con asistencia técnica real.
Aquí viene lo concreto de su crítica. Lafaurie señala que el gobierno firmó un convenio con FEDEGÁN para compra de tierras que tenía presupuesto pero carecía de verdadera voluntad política. Faltaron los recursos de defensa para los propietarios mientras se insistía en la expropiación. Es decir, se abordó el problema por una sola punta. También cuestiona las declaraciones recientes contra la ganadería extensiva, cuando esta misma modalidad fue contemplada como proyecto productivo elegible en el Acuerdo.
El punto medular de su reflexión es la infraestructura vial terciaria. Para Lafaurie, la recuperación del campo comienza por carreteras dignas, no por "retazos de placa-huella y barrizales donde se entierran los vehículos y la esperanza". No se trata de contar kilómetros de asfalto en campañas electorales, sino de generar condiciones reales con recursos que no se desvíen y verdadera voluntad política anticorrupción.
La urgencia es evidente cuando se contemplan todas las carencias: vías, educación, salud, vivienda. Sin embargo, Lafaurie observa que el campo tiene poco peso específico en las propuestas de los candidatos actuales. Por eso su voto está determinado: irá por la seguridad como bien público y condición de futuro. Su convicción sigue siendo la misma desde hace más de veinte años: la democracia y la paz de Colombia dependen de que alguien realmente se ocupe del campo.
Fuente original: Minuto30

