El aumento del salario mínimo beneficia a unos y afecta a otros: así impacta en tu bolsillo

El salario mínimo subió 23% en 2026 mientras la inflación general fue de 5,29%, lo que parece favorable pero esconde una realidad más compleja. Quien ganaba el mínimo quedó mejor con unos 200.000 a 250.000 pesos adicionales, pero otros sectores perdieron poder adquisitivo relativo. La inflación no afecta igual a todos: los pobres gastan 42% en alimentos que han subido hasta 36%, mientras los ricos dedican solo 23% de su presupuesto a comida.
La matemática de los salarios y la inflación en Colombia no es tan simple como comparar dos números. Cuando el salario mínimo subió 23% este año y la inflación se ubicó en 5,29%, muchos pensaron que era buena noticia para el trabajador que gana lo mínimo. Los números parcialmente lo confirman: alguien que pasó de ganar 1.423.500 pesos a 2.000.000 pesos con transporte, una diferencia de 576.500 pesos, efectivamente mejoró su situación.
El problema es lo que sucede alrededor. Según Camilo Andrés Rojas, profesor de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, alguien que ganaba 2.500.000 mensuales y recibió un ajuste del 6% quedó con 2.650.000 pesos. Aunque los números suben, el poder de compra real es casi idéntico al anterior porque sus gastos crecieron en la misma proporción. "En términos relativos, perdió", señala Rojas, pues quienes no ganaban el mínimo "comprimieron relativamente" su capacidad de consumo.
Lo que sucede es que muchos sectores no pueden absorber un salto del 23% en costos sin pasarlo al cliente final. Los restaurantes, hoteles y servicios domésticos donde el salario representa entre 40% y 60% del gasto total no tienen otro remedio. El servicio doméstico subió 12,48%, los restaurantes y hoteles 9,61%, el transporte urbano 10,75%. Un restaurante que antes pagaba 1,4 millones en salarios ahora paga 2 millones, así que el almuerzo ejecutivo que costaba 15.000 pesos termina en 18.000 o 20.000. Eso lo pagan entre todos.
La inflación del 5,29% es un engaño estadístico. El DANE reporta que en enero fue de 5,13% para pobres, 5,18% para vulnerables, 5,37% para clase media y 5,45% para ricos. Esas diferencias se ven pequeñas, pero aquí está el verdadero problema: los hogares pobres dedican el 42% de lo que gastan a alimentos, mientras los ricos solo destinan el 23%. Cuando el plátano sube 36% o la carne 12%, ese impacto es devastador para quien gasta casi la mitad del salario en comida, aunque el promedio nacional sea solo 5%.
Las categorías que más duelen en el bolsillo son salud con 7,82%, educación con 7,44%, alimentos con 5,84% y transporte con 5,27%. Alguien que come frecuentemente afuera, tiene empleada doméstica o paga educación privada está enfrentando una inflación personal cercana al 8% o 9%, no al 5% que dice el DANE. Quien cocina en casa anda más cerca del 4%.
Rojas advierte que "no existe la inflación de Colombia, existen las inflaciones de cada tipo de hogar, dependiendo de qué consumen, dónde viven y cómo gastan". Colombia está en medio de un reajuste de precios relativos que se acomodará todo 2026. Los salarios del mínimo subieron abruptamente y los precios los persiguen de forma escalonada. En el camino, millones de colombianos cuyo ingreso no se movió proporcionalmente están financiando, sin saberlo, parte del beneficio que recibieron quienes ganaban el mínimo. Es una redistribución involuntaria de poder adquisitivo que la mayoría aún no termina de procesar.
Fuente original: Portafolio - Economía