Economía crece 2,6% en 2025 gracias a conciertos, pero alarma por caída en inversión

Colombia cerró 2025 con un crecimiento económico de 2,6%, impulsado principalmente por conciertos, comercio y servicios públicos. Sin embargo, economistas advierten que este crecimiento es débil, insuficiente y depende demasiado del gasto público. El panorama se oscurece porque sectores clave como construcción, minería e industria manufacturera se desplomaron, mientras la inversión cayó a su nivel más bajo en dos décadas.
Colombia terminó 2025 con un crecimiento económico de 2,6%, según cifras divulgadas por el Dane el 16 de febrero. Este ritmo fue constante durante el año: en el cuarto trimestre el PIB creció 2,3% y en diciembre la actividad económica registró avances de 1,7%. El panorama suena positivo en números generales, pero la realidad económica del país es mucho más complicada de lo que parece un guarismo agregado.
Lo primero que hay que entender es que este crecimiento sigue siendo débil. Históricamente, Colombia ha crecido alrededor de 3,6% anual. Es el tercer año seguido que la economía no alcanza esa meta. Un economista de la Universidad Eafit lo explica así: "el dato es mejor que el de 2023, cuando la expansión fue de 0,8%, y superior al 1,5% observado en 2024". Pero esto apenas significa que estamos recuperándonos lentamente de una crisis más profunda. El país sigue muy lejos del dinamismo que tenía antes de la pandemia.
¿Quién jaloó el crecimiento? Las sorpresas agradables fueron tres: primero, el comercio, el transporte y los servicios de comida (hoteles, restaurantes) crecieron 4,6%; segundo, los servicios públicos como educación, salud y administración pública aumentaron 4,5%; tercero, y aquí está lo más interesante, las actividades artísticas y de entretenimiento explotaron 9,9% durante el año, con un pico aún más dramático de 11,5% en el cuarto trimestre. Piedad Urdinola, directora del Dane, fue clara al explicar este último dato: "Por primera vez en mucho tiempo no es por los juegos de azar en línea, sino precisamente por todas las actividades artísticas y culturales que tuvimos en el país durante el último trimestre del año". Los conciertos masivos en Bogotá y Medellín fueron el motor de esta sorpresa positiva.
Pero hay un lado oscuro del que casi nadie habla cuando ve ese 2,6%. Mientras servicios avanzaban, sectores productivos tradicionales se hundían. La construcción cayó 2,8%, con edificios residenciales desplomándose 7,5%. La minería fue todavía peor: se contrajo 6,2%, con caídas de 7,4% en carbón y de nada menos que 13,5% en minerales metalíferos. La industria manufacturera también se debilitó dramáticamente. Un experto en economía advertirá que "la industria sigue perdiendo peso. En el cuarto trimestre de 2025 su participación en el PIB fue similar a la registrada en la pandemia, el punto más bajo de los últimos 20 años".
El problema más grave que ven los economistas no está solo en lo que creció o cayó, sino en cómo creció. El gasto público fue el verdadero motor: mientras la inversión privada apenas creció 1,3%, el gasto del Gobierno aumentó 7,1% en términos reales (descontando inflación). Esto suena bien en el corto plazo, pero genera una alarma enorme. Un profesor de la Pontificia Universidad Javeriana lo expresó así: "Es un crecimiento al debe, por el enorme déficit. Así no podemos seguir". En otras palabras, el país está comprando su crecimiento actual con dinero que no tiene.
La inversión es el termómetro real de la salud económica a largo plazo. En 2025, la inversión representó solo el 16% del PIB, su nivel más bajo en veinte años. Hace dos décadas, Colombia invertía el 20,2% de su PIB. Un exdirector de Fedesarrollo fue contundente: "si el país no logra elevar su tasa de inversión por encima del 20% del PIB, quedará atrapado en una senda de crecimiento inferior al 3% anual, un ritmo que considera insuficiente para cerrar brechas sociales y sostener un proceso sólido de desarrollo económico". Lo que esto significa en términos reales es que sin inversión, Colombia no podrá generar suficientes empleos buenos, mejorar la educación o infraestructura, o competir en mercados globales.
El cuadro final es el de una economía que está usando anestesia (gasto público) para dormir el dolor de sus problemas estructurales. El crecimiento de 2,6% es real, pero está construido sobre arenas movedizas. Servicios y entretenimiento crecen, pero la manufactura, la minería y la construcción se desmoronan. La inversión colapsa mientras el gasto del Gobierno se dispara. Es un crecimiento que beneficia principalmente el consumo de corto plazo, pero que no prepara al país para prosperar en los próximos años.
Fuente original: El Colombiano - Negocios