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Dos jóvenes sobrevivieron una noche a la deriva en Barú tras quedar varados en moto acuática

Fuente: El Colombiano - Colombia
Dos jóvenes sobrevivieron una noche a la deriva en Barú tras quedar varados en moto acuática
Imagen: El Colombiano - Colombia Ver articulo original

Gerónimo Ibarra Cavalli y Luciana Dangond Farah desaparecieron el domingo 28 de junio cuando la moto acuática que alquilaron se dañó a dos kilómetros de la costa de Punta Barú. Pasaron toda la noche flotando en el agua, nadando y manteniéndose unidos para conservar el calor corporal hasta ser rescatados al día siguiente. Ambos atribuyen su sobrevivencia a la tranquilidad, el trabajo en equipo y, en el caso de Luciana, a su fe religiosa que la mantuvo con ánimo durante las horas más críticas.

Lo que comenzó como un paseo recreativo en moto acuática se convirtió en una lucha por la vida para dos jóvenes cartageneros. Gerónimo Ibarra Cavalli, de 20 años, y Luciana Dangond Farah, de 18, fueron reportados como desaparecidos el domingo 28 de junio después de salir hacia las 2:30 de la tarde desde Punta Barú con un vehículo acuático alquilado. Los rescatistas los encontraron a la mañana siguiente, tras pasar una noche completa a la deriva en el Caribe.

Todo se torció minutos después de iniciar el recorrido cuando la moto comenzó a generar una alarma constante. Según contó Gerónimo, preguntó al encargado del alquiler qué pasaba y le respondieron que no había problema, que la gasolina iba a durar. No fue así. A apenas diez minutos, el vehículo se apagó dejándolos a unos dos kilómetros de la costa. Los jóvenes intentaron nadar de regreso, pero el mar no se lo permitió. "Quedamos batallando 6 horas para llegar a la orilla. No pudimos llegar, imposible", recordó Gerónimo. Mientras observaban cómo helicópteros, drones y lanchas de la policía sobrevolaban la zona en busca de ellos, los dos sabían que tenían que idear un plan para sobrevivir la noche.

Con la oscuridad llegó el frío y la hipotermia se convirtió en una amenaza real. Ambos utilizaron sus chalecos salvavidas como herramientas de supervivencia, amarrándolos juntos y cruzando las piernas para conservar el calor corporal mientras flotaban. "Si no nos cruzamos de piernas, nos da hipotermia", explicó Gerónimo con el pragmatismo de quien ya pasó por ello. Mantener la calma fue su otra arma. Cuando el cansancio casi los vence pasada la medianoche, decidieron que lo único que les quedaba era nadar. Desde las seis de la mañana hasta pasadas las once, cuando finalmente fueron recogidos, nadaron sin parar.

Luciana pasó esas interminables horas aferrada a su fe. "Sinceramente decía: 'La sangre de Cristo tiene poder. Jesús, en ti confío'", contó, recordando que sacó sus rosarios que nunca se quita y comenzó a rezar. Asegura que ese apoyo espiritual fue lo que la sostuvo cuando todo parecía imposible. Gerónimo, quien dice que no creía en Dios antes, también encontró fe en esos momentos: "Hasta yo hablé con Dios". Ambos intentaban gritar y pedir ayuda a las embarcaciones que pasaban, moviendo los brazos desesperadamente, pero nadie los escuchaba. "Eso fue horrible", recordó Luciana.

Lo que más sorprende en sus relatos no es solo que sobrevivieron, sino cómo la experiencia los cambió. El mar, que los castigó toda la noche con olas que golpeaban sus cabezas cada tres minutos sin dejarlos dormir, también les regaló momentos de belleza. Gerónimo habla del acompañamiento mutuo y de la noche estrellada. Luciana afirma que vivió "el atardecer más divino y el amanecer también más divino", y que ahora aprecia mucho más cada momento de la vida.

El rescate fue posible gracias a un despliegue masivo de recursos: dos buques de alto bordo, una fragata, cuatro unidades de Guardacostas, un helicóptero de rescate, un avión de patrullaje marítimo, además de apoyo de la Policía Nacional, la Infantería de Marina, pescadores y habitantes de la zona. El contralmirante Omar Yesid Moreno Oliveros, comandante de la Fuerza Naval del Caribe, destacó que la colaboración comunitaria fue fundamental para localizarlos y llevarlos al puesto de salud de Barú antes de su traslado a Cartagena.

Ahora las autoridades investigan qué causó el fallo de la moto acuática. La Capitanía de Puerto de Cartagena abrirá un proceso para determinar si hubo una falla mecánica o si la empresa que alquiló el vehículo incumplió con sus responsabilidades. Lo cierto es que dos jóvenes tienen una historia de supervivencia que contar, y una lección de vida que aprender.

Fuente original: El Colombiano - Colombia

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