Dinero, investigación y reputación: la fórmula secreta de las universidades top del mundo
Los rankings universitarios se han convertido en herramientas poderosas que moldean la reputación de las instituciones, pero favorecen principalmente a grandes universidades ricas con fuerte tradición investigativa. Factores como la reputación académica, la cantidad de citaciones en trabajos de investigación y la proporción profesor-estudiante concentran el 80 por ciento de la puntuación. Sin embargo, expertos advierten que estos listados no miden realmente la calidad de la enseñanza ni lo que aprenden los estudiantes.
Las universidades han aprendido a vivir obsesionadas con los rankings. No es para menos: estar entre las cien mejores del mundo se traduce en más estudiantes interesados, profesores de calidad dispuestos a trabajar allí e inversión en investigación. El jefe de admisiones de Oxford lo resume de forma brutal: "Es correcto decir que la universidad que no preste atención a cómo se construyen estas tablas es tonta".
La pregunta que todos se hacen es: ¿qué se necesita para llegar a la élite? El Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) lleva tres años consecutivos en el primer puesto del ranking QS, acompañado por once universidades estadounidenses entre las veinte mejores. El patrón es claro: ganan las instituciones grandes, prestigiosas y con mucho dinero.
Ben Sowter, director de QS, explica cómo funciona el sistema. La reputación académica es el factor más decisivo. Se mide preguntando a más de sesenta mil académicos en todo el mundo cuál creen que es la mejor universidad. Esto significa que las instituciones con marca consolidada tienen ventaja automática. El segundo factor importante es cuántas veces otros investigadores citan los trabajos de esa universidad, lo que indica fortaleza en investigación. Luego viene la proporción de profesores por estudiante. Solo estos tres elementos representan cuatro quintos de la puntuación total. El resto se distribuye entre internacionalización y otros aspectos.
El problema es que este sistema mide principalmente capacidad financiera, no calidad educativa real. "No miramos de forma exhaustiva lo que están haciendo las universidades", admite Sowter. Estas tablas no dicen casi nada sobre si los estudiantes realmente aprenden bien o si los profesores enseñan mejor que otros. Un estudiante que quiere estudiar artes puede obtener muy poca información útil de un ranking basado en proyectos de investigación en ciencias.
Las consecuencias no intencionadas ya son evidentes. Algunas universidades han comenzado a manipular datos para mejorar su posición. En Dinamarca, el sistema de inmigración otorga puntos bonus a los estudiantes según el ranking de su universidad, convirtiendo estas clasificaciones en política oficial. Esto ha generado una carrera hacia arriba donde lo importante es escalar posiciones, no necesariamente mejorar la educación.
Expertos como Andreas Schleicher de la OCDE proponen un cambio radical: en lugar de mirar qué dinero y recursos entran a una universidad, habría que medir qué sale de ella, es decir, qué aprendieron realmente los estudiantes. La Unión Europea lanzó este año el proyecto U-Multirank, que permite a los estudiantes elegir sus propios criterios de comparación en lugar de aceptar un ranking único. Sowter reconoce que "el hecho de que la gente esté discutiendo el asunto es un incentivo para el cambio", pero por ahora, estos listados seguirán siendo lo que son: herramientas que premian el tamaño, la riqueza y la antigüedad, no necesariamente la excelencia educativa.
Fuente original: BBC Mundo - Economía