Día del Idioma: entre la nostalgia de la caligrafía y la prisa del teclado
Un columnista reflexiona sobre cómo ha cambiado la relación de Colombia con el idioma español, desde cuando el cuidado de la palabra era fundamental en las aulas hasta hoy, cuando la tecnología y las expresiones en inglés desdibujan la riqueza del castellano. Aunque el lenguaje siempre evoluciona, el autor advierte que el problema real no es el cambio sino el descuido, y propone retomar la enseñanza del buen habla sin renunciar a la modernidad.
Hay recuerdos que uno guarda con cariño de los años de colegio, y en el Liceo Montería el Día del Idioma era uno de esos momentos especiales. El profesor Pelayo y la maestra Marta Melo eran quienes le daban vida a esa conmemoración, organizando actos culturales que despertaban pasiones. Pelayo era un declamador de poesía extraordinario, mientras que Marta Melo enseñaba español y literatura con rigurosidad, siempre empeñada en que sus estudiantes respetaran la escritura y la palabra hablada. De esos maestros quedó algo que perdura: una valoración por la lectura y la poesía que hoy se refleja en cómo uno se expresa, ya sea escribiendo o hablando en público.
Colombia tuvo un tiempo de gloria idiomática. Bogotá llegó a ser conocida como la Atenas de Suramérica, no por capricho sino por un ambiente cultural, literario y académico que sobresalía. En 1871 nació en la capital la Academia Colombiana de la Lengua, y la ciudad era entonces un refugio de poetas y escritores que cuidaban celosamente la lengua. El Día del Idioma, que se celebra en honor a Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Don Quijote de la Mancha, reconocía esa tradición de excelencia en el manejo del castellano.
Pero algo se transformó. No es claro si hoy los colegios siguen conmemorando el Día del Idioma con el mismo entusiasmo de antes, pero lo evidente es que el cuidado del lenguaje ya no ocupa el lugar que tenía. La tecnología reescribió las reglas: el teclado desplazó al lápiz y la inmediatez enterró la reflexión. Ahora hasta la inteligencia artificial nos lee. En la calle, en las redes, domina un lenguaje de atajos: "modo", "ready", "bro", "like", "post", "stalkear", "scroll", "link", "DM". Son expresiones de la época, propias de nuestro tiempo, pero van borrando la riqueza del idioma poco a poco.
Claro está que el lenguaje siempre ha evolucionado. La cuestión no es que cambie, sino que se descuide. Hubo un tiempo en que hablar y escribir bien era cosa seria. Había concursos de lectura, oratoria y escritura. La caligrafía se enseñaba como materia, porque escribir bien significaba también escribir con forma, con estilo. Una buena letra distinguía, contaba para casi todo, incluso para elegir al mejor estudiante de la semana.
Es lástima no ver que el país rinda homenaje a sus grandes escritores en el Día del Idioma. Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, Jorge Isaacs, José Asunción Silva, David Sánchez Juliao, Manuel Zapata Olivella dejaron un legado que debería ofrecerse como ejemplo a las nuevas generaciones, para que vean que dominar el idioma es posible y valioso.
Lo esencial es que a los jóvenes se les enseñe a hablar bien, a que entiendan que "ready" es estar listo, que "bro" es amigo, que "like" es me gusta, que "post" es publicación. Hay que seguir enseñando idioma, estimular la lectura y la literatura. La tecnología puede usarse, claro, pero sin sacrificar lo que realmente importa. El idioma no está en riesgo por la tecnología, sino por el descuido. Se trata de no perder lo que valía la pena, no de volver al pasado. Hablar bien no es un lujo ni una nostalgia: es una forma de pensar mejor, y un país que piensa mejor, decide mejor.
Fuente original: Diario del Norte